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Consejos para sobrevivir en el desierto

Si tu próxima aventura supone atravesar un desierto, como buen viajero debes ser precavido y tomar los recaudos necesarios para cualquier emergencia, por si algo sale mal y te encuentras extraviado en estas zonas áridas. 

¿Qué beber, cuánto beber? ¿Cómo protegerme del sol? ¿Cómo debo vestirme? En este artículo te damos algunos consejos básicos, pero indispensables.


Imagina que por desafortunadas circunstancias, alguna de las etapas de tu viaje no sale como planeabas, y acabas varado en tierras áridas, sin ayuda ni manera de transportarte.
La situación se presenta ante tí: Ya no hay remedio, debes enfrentarte al mismísimo desierto.

  • No temas: Lo principal aquí es nunca tener miedo, aleja de ti los pensamientos negativos. Tus nervios, el pánico y la desesperación pueden jugarte una mala pasada, ya que agotarán tu energía lentamente y distraerán tu atención a la hora de tomar decisiones cruciales para tu supervivencia. ¡Recuerda que necesitarás de todas tus energías e inteligencia para sobrevivir!
  • Anímate, piensa que todo saldrá bien, haz planes para tu regreso, piensa en tus seres queridos y en cómo todo esto será una gran anécdota que contarles.

Hidratación

"Consejos para sobrevivir en el desierto2"
Ahora que tu energía es positiva, pensemos fríamente: una de las principales cosas que debes hacer es mantenerte hidratado todo el tiempo. ¡Recuerda que la mayoría de nuestro cuerpo está compuesto de agua! Siempre que realices un viaje al desierto debes llevar varios litros de agua (puedes calcular de 3 a 4 litros por persona por día).

  • Cuidado con la vegetación: En el caso de que se agoten tus reservas de agua, no intentes extraerla de los cactus, ya que la mayoría son tóxicos, y si no eres un especialista a la hora de diferenciarlos, pondrás tu vida en serio peligro.

  • Busca en la naturaleza: Es mejor que busques en valles de montañas o colinas rocosas por agua de lluvia. También puedes, siempre que te acerques a un lugar húmedo, excavar para hallar algo de agua.

  • Aprende cuándo racionar: Es bueno que raciones el agua con el fin de prolongar su duración, ¡Pero no te limites demasiado la hora de beber! Puedes cometer el error de consumir menos de lo indispensable y con ello, correr grave peligro. Debes ingerir toda el agua que necesites, y con frecuencia durante el día. Recuerda también humedecerte los labios.

  • No comas: Es sabido que sin beber nada un humano no podría sobrevivir más de tres días, pero sin comida puede arreglárselas más de un mes. Lo que sucede es que la digestión requiere mucha energía de tu cuerpo, y sobre todo, grandes cantidades de agua.
  • Sólo bebe agua: No debes beber otra cosa que no sea agua, no te servirá ninguna otra
    "Vivir en el desierto"
    bebida. Ingerir agua te dará la fuerza que requieres para cualquier tarea que realices y le permitirá a tu cuerpo continuar con el enfriamiento natural.
     

Sol y refugio

Ya lo dice el refrán: "Con un dedo no puedes tapar el sol". Y aquí en el desierto, el sol cobra un protagonismo que puede ser peligroso para nuestra salud:
  • Cuida la temperatura de tu cuerpo, es importante que tu salud se vea intacta en momentos como éste. El sudor tiene un rol muy importante en la regulación de tu temperatura, ya que es a través del mismo que el cuerpo se deshace del exceso de calor.

  • Repara en tu vestimenta: Recuerda no quitarte la ropa. Uno puede tener la fantasía de que, al ir a un lugar extremadamente caluroso, debe utilizar prendas sueltas y cortas. ¡Nada más lejos de la realidad, en este caso! Si prevees visitar el desierto, por el contrario, deberás llevar pantalones y mangas largas de colores claros, sombrero y muda de ropa abrigada. Estas prendas te protegerán del sol y además, la ropa actuará como una bolsa térmica que retendrá la humedad de tu sudor. No pases ni una noche sin abrigo, ya que el descenso de temperatura durante la noche es abrupto, alcanzando temperaturas que te sorprenderían.

  • Refúgiate: Para protegerte del sol, construye un refugio en el que puedas estar a salvo de las condiciones del día y en el que puedas observar atentamente la aparición de algún tipo de rescate.

  • Para construir tu refugio, será de mucha utilidad cualquier prenda o tela ancha que puedas utilizar (incluso el velamen de un paracaídas) junto con algunas rocas (utiliza algunas pequeñas y pesadas para sostener un extremo y otras más grandes y altas para tensar el otro). En el caso de no encontrar rocas, puedes utilizar montículos de arena o depresiones entre las dunas. En el caso de que te hayas extraviado con tu automóvil, también puedes utilizarlo como refugio, pero recuerda dejar todas sus puertas abiertas. Con esto, además de mantener el aire de su interior en circulación, tendrás más posibilidades de ser visto por alguien, que interpretará esto como una señal de auxilio.

  • No te expongas: La temperatura de la arena y las piedras se eleva normalmente hasta los 22º, con picos que pueden aproximarse a los 60º. Es importante que evites exponerte a estas temperaturas, por lo que durante el día será mejor que utilices el refugio que has construido, y optar por explorar el lugar con más tranquilidad durante la noche. 
"Fauna del desierto"
¿En qué momento del día es mejor explorar? ¿Qué peligros puedes encontrar en tu camino? ¿Qué precauciones debes tomar? En este artículo te brindamos todas las respuestas.

Te encuentras extraviado en el desierto. Has construido tu refugio y estás descansando en él, pero pronto sientes la necesidad de ir a buscar ayuda. Antes, debes tener en cuenta algunos factores:

Planea el recorrido: No puedes comenzar a explorar cuando el sol se haya ido sin estar lo suficientemente preparado, y para eso tendrás que planear tu recorrido por completo, habiendo seleccionado los caminos que tomarás y cuál será tu próximo refugio (puedes utilizar la arena bajo tu refugio en caso de no tener dónde tomar nota).

Equípate: Recuerda llevar siempre contigo una brújula y un mapa (si tienes y puedes localizarte en él), ya que serán la única referencia que te permitirán guiarte correctamente. Si llevas GPS, ten cuidado, porque un exceso de arena ingresando a sus circuitos puede encargarse de transformarlo en chatarra. 

Despierta tus sentidos: Por la noche, sin embargo, y dependiendo del tipo de desierto en que te encuentres, aumentarán las posibilidades de que cruces tu camino con el de algún animal salvaje, como serpientes, gatos monteses y coyotes (en menor grado estos últimos). Debes estar atento a cualquier sonido o señal visual que te alerte de ellos para poder mantener la distancia necesaria.

Cuidado con las picaduras: Numerosos insectos abundan en las arenas de un desierto, como moscas, avispas, arañas y escorpiones. Aléjate de cuevas y ruinas ya que allí es donde proliferan. Utiliza guantes todo el tiempo, para evitar picaduras en tus manos. Ten mucha precaución al tomar asiento en cualquier parte y recuerda sacudir muy bien cualquier prenda que te hayas quitado en forma momentánea.

Observa y aprende: Si te encuentras con animales inofensivos o que no representan un grave peligro, siempre que te muevas con cautela, puedes seguirlos durante su día para observar su rutina y obtener información del área, como por ejemplo, dónde encuentra refugio, dónde bebe agua o en qué momento del día decide descansar.

Cúbrete bien: Es probable que, mientras permanezcas en el desierto, debas enfrentarte a una tormenta de arena. Siempre debes mantener cubierta tu boca y nariz para evitar que la arena se acumule en tus pulmones. Puedes utilizar cualquier prenda, o incluso una máscara equipada para esta tarea. También puedes cubrir tu visión utilizando, por ejemplo, gafas de buceo. 

No desistas de emitir señales: Por el tiempo que continúes extraviado, no dejes de enviar señales que posibiliten tu rescate. Durante el día, deberás hacer fuego con cualquier cosa que encuentres (incluyendo, en última instancia, los neumáticos de emergencia de tu automóvil). Eso generará columnas de humo que podrán ser vistas desde varios kilómetros a la distancia. También puedes formar en el suelo una señal universal, como por ejemplo, un gran "SOS",con todos los objetos que estén a tu alcance.

¡Atento! Si ves un vehículo aéreo rondando el área o te encuentras cerca a alguna ruta, haz señales luminosas utilizando diversas luces o elementos refractarios, como espejos. Enciende y apaga las luces en un determinado patrón, una y otra vez, para que no queden dudas de que alguien las está originando. 

Existen algunos recaudos que puedes tomar antes de partir y que te serán de inmensurable ayuda en el caso de que te encuentres en dificultades: Avisa a tus conocidos: Antes de comenzar cualquier travesía, informa a un familiar o conocido en qué fecha iniciarás el viaje, en que fecha piensas regresar y cuál será tu itinerario. Esto aumentará tus chances de ser rescatado más adelante.

Si puedes, evita viajar por tu cuenta: Si realmente planeas atravesar desiertos y otros lugares dificultosos en los que, de salir mal tus planes, puedes enfrentarte a una situación de supervivencia, lo mejor es que viajes acompañado de otros aventureros con los cuales debes formar un grupo sólido que, ante cualquier imprevisto, unirá sus fuerzas para salir adelante.

Prepara tu vehículo: Es importante que condiciones tu vehículo antes de partir a cualquier viaje. No quieres que tu automóvil comience a fallar mientras visitas un desierto ¿Verdad? Por eso te aconsejamos seguir estos consejos para preparar tu automóvil antes de salir a la ruta

¿Qué debo llevar? Existen herramientas, algunas cotidianas, y otros relacionadas a la supervivencia en general, que te serán de mucha ayuda durante tu odisea en el desierto. ¿Vamos a darles un repaso? Debes memorizar este listado y considerarlo a la hora de armar tu equipaje en tu próxima travesía. 

Estos son: GPS, Brújula, Navaja multiusos, Mapas entre otras.
Cortesía de: Viajeros

Cómo Sobrevivir con solo un cuchillo

Lo creas o no, sobrevivir en un ambiente templado es fácil si sabes cómo. En el bosque, puedes morir por un número enorme de cosas. Sin embargo, si simplemente tienes los conocimientos y aprovechas lo que sabes, el bosque puede volverse un hogar y una nueva realidad. Teniendo solo un cuchillo, puedes crear tus propias herramientas y tu modo de sobrevivir.

NOTA: Antes de considerar algo de la información de abajo, debes de reconocer que la temperatura define el grado de prioridad en las tierras salvajes. Si la temperatura es menor a los 40 grados Fahrenheit (4 grados Celsius) en la noche, considera al fuego como el prerrequisito más importante.

No obstante, si la temperatura es mayor a los 90 grados Fahrenheit (32 grados Celsius) durante el día, considera el movimiento y el trabajo durante la noche y el descanso durante el día bajo cubierta.


Paso Encuentra agua. Lo primero es lo primero, estás varado en algún lugar en un desierto templado a medio día, lo peor del caso es que no sabes dónde estás. Eso no es problema. No sabes dónde estás, pero sabes a donde quieres ir… cuesta abajo. Esto es porque el agua se mantiene rigurosamente por las leyes de gravedad y lo primero que quieres es agua ya que solo puedes sobrevivir tres días sin ella. Ve al punto más bajo que puedas encontrar. 

En tu camino cuesta abajo, edúcate sobre tres árboles diferentes. 


"abedul blanco"
Abedul blanco
Abedul blanco

Busca un árbol blanco con un material parecido al papel que sale de él. Este es un árbol importante, es llamado el Abedul Blanco. No solo la corteza interna es comestible, sino que también la corteza externa puede ser usada como un contenedor resistente al agua (si no tiene agujeros). 

También, mucha gente no sabe esto pero puedes hacer un hoyo en el árbol y conseguir una sábila dulce y picante parecida a la savia de arce. Otros atributos que pueden servirte son los siguientes: Puedes cocinar sopa en la corteza del abedul ya que no se quemará mientras tenga líquido dentro. 

La corteza del abedul puede ser usada como una cuerda temporal. La corteza del abedul, la capa blanca parecida a papel, puede servir como una yesca excelente para prender fuego. El abedul blanco puede ser tallada para convertirse en un bastón. La corteza de abedul ha sido usada para hacer canoas por los nativos.

Tilo Americano 


"tilo americano"
Tilo americano
El Segundo árbol que deberías conocer es llamado Tilo. Tilo Americano El Segundo árbol que deberías conocer es llamado Tilo. Este árbol es muy fácil de reconocer. Tiene una corteza gris, algunas veces venosa, y algunas de las hojas en forma de corazón más grandes para arrancar. No debes confundir este árbol con un arce alce, cuyas hojas tienen tres puntos. Este árbol es importante, ya que es fuente de cuerdas, trampas, vendas y finalmente tu mochila. Empezaras a ver este tipo de árbol mientras más cerca estés del agua, es más sediento que tu y puede ser una fuente de agua. 

Arce común

El tercer y último árbol que debes conocer es el arce común. Éste será tu bastón así como tu protección. Es madera muy fuerte con una corteza limpia y gris. Ahora imagina la bandera de Canadá, esa es la hoja del arce común. 

Corta algo de la corteza de un Tilo. Si no hay agua, ve a la base de la colina o montaña ahí es donde muy probablemente habrá un río o un arroyo, cerca de la base.
"arce común"
Arce común
Encuentra un Tilo. Ellos adoran el agua y los bordes altos. 

Utiliza tu cuchillo para hacer un corte horizontal alrededor de todo el tronco. Haz esto hasta abajo y cuatro pies (1.2 metros) por encima. 

Ahora haz un corte vertical desde la línea superior hasta la inferior. 

Observa que la línea superior parece una T en donde las dos líneas se juntan. Esta T es donde cavaras con tus dos uñas de los dedos gordos. 

Ahora, jala estas dos lengüetas lejos de la Madera blanca que está debajo. Debes de tener ahora un rectángulo curveado y blando.

Corta esta tira en el mayor número que puedas de pequeñas tiras. Deben de medir cerca de 1/4 de pulgada (medio centímetro) de ancho. 

Ahora voltealas para revelar una franja húmeda y brillante, Esta es la tira que se usará para la cuerda.

Cuidadosamente, jala la corteza exterior verde lejos de esta hoja delgada de Madera. Observa que la parte verde será significativamente más gruesa que el material delgado que quieres. 

Envuelve estas tiras delgadas entre ellas mismas para que hagan un círculo de alrededor de 3 pulgadas (7.5 centímetros) de diámetro. 

Utiliza los desechos verdes para envolver cerca de tres cuartos de la cuerda nueva. 

Coloca este gran revoltijo de cuerda alrededor de tu muñeca para que esté fuera del camino. 

Utiliza el otro cuarto de la cuerda para hacer correas para tus hombros, un cinturón, y lo más importante una correa para llevarla en la parte superior de tu brazo para guardar tu cuchillo. 

Todos los desechos de corteza verde deben de ser guardados y amarrados sino, úsalo como un látigo o como más tiras. 

Después de todo ese trabajo seguramente estarás sediento. Por suerte lo único que tienes que hacer es ir cuesta abajo para tomar algo del agua que tienes bien merecida. 

Ponte lodoso. Mientras tomas un poco de agua, hay un paso muy importante que puede salvarte después de una pena. Mientras te encuentras cerca del agua, es importante que te cubras con una delgada capa de arcilla azul o lodo si es que no hay arcilla. Esta capa debe cubrir cada trozo de piel. Será tu única defensa en contra de las moscas negras, moscas venada y las garrapatas. 

Después de que tienes tu armadura, es tiempo de de poner algunas trampas. Busca el sendero del juego, que debe estar regada por todo alrededor de los bordes de tu fuente de agua. Quítate seis de las tiras y átalas con un lazo de 1 pulgada (2.5 centímetros) de diámetro al final. Desliza el otro extremo de trampa de Tilo través del lazo y sostenlo por encima del piso en un nivel apropiado para la pista que estás ocupando. Senderos pequeños evidencian un juego pequeño, las pistas grandes deben de ser evitadas. Para conejos, mapaches, codornices y perdices, coloca la trampa de 4 a 10 pulgadas (10 a 25 centímetros) por encima del suelo. 

Ahora, si el día se está acabando, tu mejor apuesta es hacer fuego. Casi siempre es mejor recolectar primero mucha madera seca, de tamaños que vayan desde ramitas hasta leños pequeños.  El método del arco de fuego funciona particularmente bien con el Tilo.

Antes de encender tu fuego, limpia un círculo de unos 6 pies (2 metros) alrededor del sitio del fuego. Elige un lugar sin ramas arriba del fuego. Junta la mayor cantidad de piedras del tamaño de una cabeza para encerrar el fuego y evitar que se expanda. También, un círculo de rocas atrapará y reflejará el calor hacia el interior haciendo que sea más fácil que continúe. Una de los aspectos más importantes que debes recordar a cerca del fuego es el de respetarlo. Mantenlo contenido.

Una vez que hayas empezado el fuego, es muy importante que mantengas la flama debajo de dos pies (medio metro), de esta manera tu fuego no necesitará mucho combustible. No querrás regresar al bosque por más leña. Los insectos te merodearán. La capa delgada de lodo o arcilla te librará de las picaduras pero no de su sonido. En un nivel psicológico, el simple hecho de que puedan llegar a tus ojos y oídos debe mantenerte bien abastecido antes de comenzar tu fuego.

Construye un refugio. Uno no necesita realmente de un refugio en condiciones normales. Sin embargo, si necesitas uno o piensas que lloverá, el aspecto de mayor importancia es el de mantenerlo pequeño, seco y lejos del suelo. Nunca pierdas el tiempo construyendo pequeñas cabinas o incluso un refugio más grande que tu cuerpo. Esto es una pérdida de energía y recursos, y es más fácil mantener el calor encerrado en un lugar más pequeño. 

Los grupos grandes de musgo que puedes usar para cubrir un esqueleto de madera servirán. También, la corteza de abedul sirve para una tablilla. Tu mejor apuesta, sin embargo, es usar cantidades masivas de madera blanda y helechos. Si eres rápido, puedes recolectar suficiente para una barrera de seis pulgadas (15 centímetros) que evitará la lluvia y guardará el calor. 

Las hojas secas también sirven muy bien para evitar el agua. Si piensas que lloverá, haz una barrera de hojas y demás lo más gruesa que sea posible (tres pies (un metro) es casi una garantía completa de evitar el agua). En dos horas puedes dormir no solo cómodamente, sino también seco y caliente. 

Mantente consciente del fuego. Mientras duermes, asegúrate de que estés consciente de que tan lejos está tu fuego. El aturdimiento puede tenerte recostado justo encima de él y sin nadie que esté ahí para sacarte del fuego. Si no te sientes agusto con el fuego encendido mientras duermes, puedes apagarlo y cavar un hoyo donde vas a dormir y llenarlo con los restos del carbón. Poniendo una capa de tierra encima de este punto, puedes dormir encima de ella y dormir muy cómodamente. 

Busca el desayuno. Cuando despiertes, debes saber que los insectos salen al amanecer. Ahora es el momento de aprovechar tu metabolismo y moverte rápido, ya que los insectos pueden llegar a tus ojos. También, el movimiento entrena a tu cuerpo a proveer su propio calor durante el ejercicio. El único problema es que la motivación para moverte es escasa de vez en cuando. Tu motivación debe surgir del hecho de que has colocado seis trampas el día anterior y que una de ellas probablemente tenga el desayuno, comida y cena. Así que para elevar el calor corporal, muévete de trampa en trampa. Puede que hayas tenido suerte. 

Ahora es importante prepararte para dos contingencias. 

La primera es que no tienes absolutamente nada y estás muy hambriento y una conducta pisoteada. Si este es el caso, simplemente ve a tu abedul y corta un triángulo de 4 pulgadas (10 centímetros) de la corteza. Voltea una de las puntas hacia abajo. Puedes comer lo que está en el otro lado de la corteza, tiene muchos nutrientes. También, unas gotas de sábila dulce salen de la punta de abajo del triángulo. No te preocupes si no es mucho. Sorprendentemente, un humano puede sobrevivir de una cucharada de comida diariamente por un tiempo limitado. 

La segunda contingencia es que tienes algo, seguramente un conejo o un pájaro pequeño. Existe una muy buena regla para comer cosas como animales: ‘’’No comas algo que se vea incomible’’’. De otra forma, casi cualquier cosa es buena si la cocinas bien… y con cocinar bien me refiero a quemarla. 

Aquí hay otra regla para la comida: No comas donde duermes o duermas donde comes. Los restos y las tripas atraerán a los depredadores (por ejemplo, los osos). Elimina los huesos, tripas, picos, etc., MUY lejos de tu refugio.

Sigue el agua. Ahora que sabes cómo conseguir agua y comida, es importante que reconozcas el otro uso de los ríos. La humanidad no se construyo en la espalda del hombre, sino en los bordes de los ríos. Para encontrar una civilización, simplemente sigue el río cuesta abajo. Recuerda que no todos los arroyos te llevan a una civilización, el arroyo puede continuar yendo hacia abajo por millas y puedes haber desperdiciado mucha energía en nada. Usando todas las cosas que he mencionado arriba, una persona puede vivir por un tiempo indefinido en el bosque. 

Consejos

Como antiséptico, busca la miel de abeja común. La sustancia gris pegajosa que usan dentro de sus nidos es uno de los mejores antisépticos del mundo. 

Para la energía, busca plantas de soya y fuentes de vitamina B así como comida con azúcar y frutas, tales como las moras, para proveerte de grandes fuentes de energía en un estómago vacío. Sé muy cuidadoso, y asegúrate de que no estás consumiendo la vegetación equivocada, ya que muchas plantas son venenosas. 

Para las curitas Busca una araña común. Sus telarañas pueden ponerse en heridas o cortes abiertos para detener el sangrado. 

Para los iniciadores de fuego’, busca el árbol abeto. Las burbujas en la corteza del abeto pueden ser explotadas para obtener una sábila que es sumamente inflamable. 

Advertencia Garrapatas

Las garrapatas pueden ser uno de los parásitos más agobiantes psicológica y físicamente en un ambiente templado. Son pequeños arácnidos de ocho patas, que como los insectos son atraídos por fuentes de calor. Casi siempre se quedan esperando en el pasto dos o tres pies (medio o un metro) de altura y luego se transferirán a tu ropa. De ahí irán a tu cabeza o a tu entrepierna, los dos lugares con más calor en el cuerpo humano. 

Ahí secretarán un anestésico local que utilizan para ocultar su movimiento mientras hacen un agujero con su cabeza en tu piel. En este estado parecen una pieza de maíz que se quedo pegada a tu carne. Sin embargo, cuando las tocas sus patas salen y comienzan a moverse hacienda que incluso el hombre más valiente se encoja. Varios de los métodos para quitarlas, así como lo que no debes hacer, se describirán abajo. 

NUNCA quemes una garrapata. Muchas veces sus tripas se esparcirán en la abertura de la cual se alimentaban, por debajo de tu piel. Si usas este método, debes quemar la piel que se encuentra a una pulgada (2.5 centímetros) alrededor del área infestada o corres el riesgo de tener la enfermedad de Lyme y fiebre de las montañas. 

Hay maneras menos dolorosas de quitar las garrapatas. NUNCA tires de la garrapata, sus quijadas en forma de ancla se quedarás debajo de tu carne. Método para removerlas: busca un abedul. Busca un árbol de navidad con burbujas en la corteza. Toma un palo, revienta la burbuja y coloca ese extremo aplanado debajo del nuevo hoyo, ahora haz rodar un extremo del palo encima de la burbuja con algo de presión, utiliza este método para sacar la sábila. 

Recolecta la sábila en un extremo del palo. Ahora expande generosamente esta sábila sobre la garrapata. Revienta más burbujas si es necesario. Ahora con el extremo de tu brazo busca una planta o un árbol aceitoso. El fresno funcionará. Ahora observa que la garrapata se ha salido un poco. 

Expande tanto aceite de fresno como puedas y repetidamente limpia la sábila. La garrapata se saldrá sola porque no puede respirar. Ya que la garrapata se ha salido pon más aceite sobre el área para sacar la sábila, si todo lo demás falla, cubre el punto con mantequilla de maní, o grasa de animal, espera, y después enjuaga tus manos con agua, la sábila se quitará de una manera muy fácil. También observa que la vitamina C en la sábila ha vuelto la piel más flexible. 

Parásitos intestinales 

Los parasitos intestinales pueden ser combatidos de muchas maneras. Dos de estas maneras son descritas abajo. 

Una manera efectiva es buscar un helecho que crece en la mayoría de los ambientes templados. Este helecho es llamado el freno de pastos. Durante sus primeros días de vida parece como una pequeña avestruz con pelo café o gris creciendo de ella. Las especies típicas de freno de pasto es de cuatro pulgadas (10 centímetros) de alto. Durante esta etapa es comestible ya sea cocido o crudo. 

Sin embargo, es un suave veneno que cambia las condiciones ambientales de tu intestino haciendo que crezca la supervivencia de cualquier parásito. Mientras esta planta se hace más vieja se vuelve más venenosa. Si la planta está un poco rizada puedes comer una cada hora o si está completamente crecida, una cada día para olvidarte de los parásitos. 

Otra forma de liberarte de los parasitos intestinales es comer dos cigarros por día hasta que desaparezcan. La naturaleza venenosa de los ingredientes el cigarro no se pierde en los parásitos intestinales.

Hiedra venenosa "Hiedra venenosa"

La hiedra venenosa es una planta de tres hojas que casi siempre se encuentra muy cerca de la tierra. Para alejar a algún depredador sus hojas contienen un químico llamado urushiol, el cual se une a las células de la piel y crea una prominente e incómoda comezón que puede durar de cinco a seis semanas. Si has tenido contacto, las primeras etapas te darán una simple comezón. Sin embargo, en reacciones severas puedes esperar la aparición de ampollas y/o una supuración oleosa. Los mitos y algunos tratamientos son enlistados abajo. 

NUNCA quemes la hiedra venenosa: su humo es sumamente tóxico. También, el urushiol no puede ser destruido o disuelto por métodos ordinarios. 

NUNCA revientes las ampollas o intentes quitarlas. La sustancia que sale de ellas no es contagiosa y no expandirá la comezón en circunstancias normales. 

NUNCA orines en donde tienes comezón, esto no funciona e incluso puede intensificar la reacción debido al amonio en la orina. 

MITO: la ropa no te protegerá de la hiedra venenosa. El urushiol traspasará la ropa en tan solo quince minutes. Si sabes que has tenido contacto, no toques físicamente el área ya que el urushiol se expandirá. En lugar de eso, quita el artículo con un ropaje grueso o una corteza cubriendo tu mano y déjalo reposar en agua en movimiento por lo menos una hora. Después de cierto tiempo, el urushiol se quitará del artículo. 

Método útil: si has tenido contacto, normalmente en menos de siete minutes el químico puede ser lavado con jabón antes de que se una a las células de la piel. Sin embargo, el químico es un aceite, así que el jabón es necesario para quitarlo. En otras palabras, el agua no funcionará por sí misma. Sin embargo, este método es altamente debatible ya que el jabón también puede acoger al químico y expandirlo de la misma manera. 

Método útil: sumerge tu cuerpo en agua por un periodo largo de tiempo. El aceite es menos pesado que el agua, así que el urushiol puede, como tema de física, quitarse de tu piel antes de unirse a tus células. 

Método útil/mito: el alcohol no disolverá o quitará el urushiol por sí solo. Sin embargo, lo puede diluir lo suficiente para que pueda ser quitado con una esponja o un ropaje. 

Conclusión: 

El urushiol no puede ser quitado de la carne una vez que se ha unido; la única cosa que la tecnología nativa puede hacer es aplacar la comezón o tratar la reacción, no al químico. Por lo tanto, el único que puede tratar verdaderamente de una manera efectiva es el doctor con removedor de hiedra.

Cortesía de: Wikihow

Sobrevivir en la Naturaleza.Comenzando por el refugio.

Supervivencia en la Naturaleza

Para sobrevivir no solo a las inclemencias de la Naturaleza sino a cualquier evento que ocurra en nuestras vidas, nos hará falta una capacidad mental fuerte para afrontar cualquier situación. 

El texto que leerá a continuación es una recopilación de extractos del libro ‘Supervivencia en la Naturaleza‘ de Lorenzo Mediano y Carlos Donoso del año 1983, se trata de información relevante y que se debe conocer se viva o no en medio de un entorno natural. 

(Haga clic en la imágenes para ampliar)

EL REFUGIO

En la mayoría de las ocasiones hemos de protegernos del frío durante la noche. El calor no supone un gran problema. En el caso de que no existiese nada de vegetación se busca una saliente que nos proteja; de no encontrarlo se puede cavar un pequeño agujero y enterrarnos, refrescándonos con la humedad del subsuelo.

Pero en el 99% de las veces hemos de protegernos del frío, moderado durante las noches de verano y muy intenso en invierno.

Es intersante a nivel práctico diferenciar entre refugios provisionales y refugios estables. Si vamos a estar en un sitio unos pocos días sacrificaremos la comodidad —no la calidad— a la rapidez de construcción, porque evidentemente si estamos nomadeando no vamos a dedicar todo el día a construirlo.
"Construir un refugio"

Si queremos estar bastante tiempo construiremos en un par de días una cabañita. Es necesario tener un sitio cubierto donde estar cómodo, ponerte en pie, etc. No es necesidad física sino de índole psíquica, pero no por eso menos importante.

 EL LUGAR
 
Sea cual sea el refugio que queramos hacer, existen unas normas sobre el lugar donde construirlo.

Si estamos en una montaña, buscaremos las caras sur o sudeste, que son las partes más secas y más calentadas por el sol. No subiremos demasiado alto porque el viento nos azotaría duramente, ni descenderemos demasiado al valle debido a que en él aumenta la humedad y los mosquitos se convierten en adversarios temibles.

Así pues, el término medio será lo mejor. Si pasa cerca un río, buscaremos que la montaña nos proteja de donde viene él, porque suele traer aire frío y húmedo.

Debemos observar cuidadosamente la vegetación. En principio buscaremos un lugar con una capa vegetal mullida y seca. Huiremos de lugares con cañas, juncos, eneas, sauces, chopos, helechos, etc, que nos garantizan amaneceres mojados. Un árbol bien frondoso encima nuestro evita el rocío, pero un bosque espeso carga el aire de fría humedad.

TIPOS DE REFUGIOS PROVISIONALES


El refugio provisional más normal es el inspirado en el vivac de los tramperos canadienses. Es rápido de construir, se puede hacer en cualquier lugar donde haya palos y resulta muy cálido. Consiste en un larguero inclinado que se puede apoyar sobre un árbol o bien sobre un trípode. Para hacer éste, buscamos tres palos del tamaño adecuado que dejen una horquilla en el extremo. 

Las enganchamos entre sí y a continuación colocamos el larguero. Los dos travesaños laterales han de inclinarse ligeramente hacia atrás para soportar mejor la tensión si colocamos un plástico. Una vez satisfechos de la forma conseguida, hacemos un pequeño hoyo junto a la base de cada palo, donde lo metemos para asegurar el conjunto.
"Construir un refugio2"

Si hace mucho frío se puede tapar la entrada, pero si no lo hacemos hay que cuidar de orientarla hacia un lugar de donde no sople el viento, a ser posible nunca hacia el norte.

Más complicado es el tipo tienda de campaña. Es bastante más ineficaz que el anterior: no conviene ponerle lona porque entra el viento y la lluvia por los extremos, y no soportaría un vendabal. Eso si, techándola completamente es buena —aunque más costosa de hacer— y da más sensación de amplitud que la anterior. 


Es una forma de transición hacia la cabaña en distintos grados según lo grande que la hagamos, y se emplea cuando estamos establecidos en un lugar queremos un poco más de espacio y no nos compensa construir una cabaña.

"Construir un refugio3"

Inspirados en este modelo podemos construir una semicanadiense muy sencilla colocando dos palos inclinados contra un talud o un muro, o sin palos si llevamos un plástico. Tendremos la precaución de quitar las piedras de la parte superior del muro que estén sueltas y nos puedan caer encima, y ataremos al plástico estaquillas colocadas a otro lado del muro o bien dos o tres palmos alejadas del borde del talud. 

Es un refugio muy sencillo de construir pero hay que tener cuidado con que no se meta agua por su parte superior; en los taludes conviene hacer una pequeña zanja de desagüe por encima. 


Es menos sólido, cálido e impermeable que el larguero inclinado, pero más rápido de hacer si disponemos de un plástico, lo cual es una ventaja importante en ciertas situaciones.


 De no disponer de él y tener que hacer un techado de ramas o paja, cuesta tanto como el otro y por tanto no merece la pena. Desarrollando la imaginación se podría intentar una combinación de los dos tipos.

EL TECHADO


Un buen techado protege no sólo de la lluvia, sino también del viento y del frío. Primero hemos de colocar horizontalmente sobre la estructura básica una serie de cañas o palos paralelos separados entre sí más o menos un palmo, dependiendo de la longitud del material con el que contemos. 
"Construir un refugio4"
Si no son lo suficientemente fuertes se aplica un palo de refuerzo perpendicular a todo ellos. Si vamos a emplear algún tiempo en este refugio los ataremos con cordel —que podemos trenzar nosotros mismos—, de lo contrario con un manojito de hierbas retorcidas de las mismas empleadas para tejer, seleccionando las fibras más largas y verdes.


Luego preparamos un buen montón de haces o manojos de hierbas, cada uno atado por un extremo con otro poco de hierba retorcida. Iremos sujetando estas tejas a los palos comenzando por la hilera de abajo y anudándolas por debajo de su atadura. Las vamos apretando y sujetando entre sí, peinándolas un poco para que el agua resbale bien hacia abajo. 

Cuando hemos terminado una fila comenzamos la siguiente de forma que tape más de la mitad de la teja anterior. No intentemos economizar en esto porque entonces el agua pasará, aunque si lo construímos sólo para protegernos del frío y hay prisa podemos ser menos ortodoxos.


Así hacemos hilera tras hilera hasta llegar al final. Para que no cale por arriba colocaremos una cumbrera abriendo por debajo los haces y colocándolos de pie todo a lo largo de la arista.

Es muy importante que todo tejado de hierba o ramas tenga al menos 45º de inclinación porque al no ser impermeable el agua ha de resbalar por él.
También conviene cavar una pequeña zanja de desagüe para que el agua no encharque el suelo.

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En lugar de hierbas se pueden emplear juncos, helechos secos, hojas de caña,etc. Pero en el supuesto extraordinario de que no exista hierba ni nada parecido, o en el no tan extraño de que estuviese mojada tras varios días de lluvia, podemos emplear ramaje. 

Ha de hacerse un tejado espeso amontonando cantidades ingentes de ramas, y aunque no se vea la luz en el interior, no es seguro del todo que no haya alguna gotera. Por ello hemos de tener cerca algunas ramas ya preparadas para reparaciones de urgencia. Sin embargo, es muy útil para resguardarnos del frío, el viento y la nieve, y rápido de hacer.

EL LECHO
Ya tenemos nuestro flamante techado. Nos tumbamos a dormir y a media noche, notamos un frescor en los riñones que va en aumento hasta no dejarnos pegar ojo. ¿Qué ha pasado aquí? Pues que hemos olvidado algo fundamental: encontrar algún método de aislarnos de la humedad y del frío del suelo. 

Una buena defensa contra la humedad es clavar cuatro postes y hacer una cama somera colocando ramas, cañas, etc. O la podemos tejer con cuerda, comprada o hecha por nosotros mismos. También podemos clavar ramas de forma que se inclinen todas hacia abajo y nos mantengan elevados.

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Si hace frío, se puede poner hierba, hojas, helechos por encima y por debajo de uno, siempre que estén bien secos. De estar húmedos son inservibles (aunque un montón de hierba cuando fermenta da un calor que puede servirnos en una emergencia). 

También las podemos podemos meter entre le jersey y la camisa y nos protegerán mucho.

Cada mañana debemos mullir y airear el lecho para evitar que se formen humedades, quitando las piedras que nos puedan haber molestado la noche anterior, pues a pesar de que lo intentamos limpiar antes de hacerlo siempre queda alguna en un punto estratégico.

EL FUEGO EN EL REFUGIO
Indudablemente, si construimos un refugio para conservar el calor, el fuego puede ayudarnos a estar calientes siempre y cuando respetemos unas sencillas normas, ya que de lo contrario puede ser ineficaz e incluso peligroso.

Lo primero es dirigir el calor hacia nosotros. 

Esto se consigue reflejando con tierra o piedras la radiación. Detrás nuestro, si no hemos construido nada, haremos otro semicírculo pero más grande, y de esa forma habremos creado un microclima cálido.

En cualquier tipo de vivac colocaremos el fuego delante de la entrada, con el reflector apuntando hacia ella.


Hay que tener muchísimo cuidado con el peligro de incendio de nuestro colchón, saco o techado. Es muy conveniente programar la mente antes de dormir con la firme idea de despertar si se reavivara el fuego.


Como no podemos estar alimentando la hoguera toda la noche, se apagará y no tendremos calor cuando más nos hace falta, es decir, en la madrugada.

Así que es mejor desarrollar un buen método para conservar el calor toda la noche. El óptimo consiste en hacer un fuego fuerte antes de dormir y, sin que se consuma del todo, taparlo con ceniza y arena.


De esto forma arderá en forma de brasa, lentamente, y emitirá un calor suave y constante. Muy importante es recordar que así se produce siempre el venenoso monóxido de carbono y por tanto no se puede emplear en lugares poco ventilados. 

Si estamos desesperadamente faltos de calor, cavamos un hoyo poco profundo y de unos 90 centímetros de largo por 30 de ancho. Allí meteremos las brasas y los troncos sin consumir del todo, los cubriremos primero con cenizas y luego con una fina capa de arena o tierra muy seca (de estar mojada cogemos la de debajo de la hoguera).


Dormiremos directamente con el cuerpo sobre ella, sin colocar ningún lecho tanto por el peligro de incendio como porque nos privaría del calor (sobre nosotros podemos colocar una capa de hierba seca); nunca con saco o vestidos de tejido sintético.

El fuego tiene otra utilidad más a la hora de dormir: arrojando suficientes hojas o hierbas verdes encima de las brasas, producirá suficiente humo como para mantener alejados a los mosquitos durante algún tiempo.

LA CABAÑA
En los refugios de los que hemos hablado tiene más importancia la rapidez en levantarlos que la comodidad que puedan proporcionar luego, pues para estar unos pocos días en un sitio no hace falta grandes lujos. Pero si hemos de habitarlos bastante tiempo (un mes, por ejemplo) el hecho de tener que meterte en un agujero de hierbas va minando la moral firme y lentamente. 

Esto es más cierto en invierno, cuando la estancia a la intemperie es reducida por fuerza. Además, el hecho de la construcción de la cabaña y su perfeccionamiento nos mantiene activos y evita la depresión.


Lo primero que hemos de hacer es buscar el lugar apropiado: soleado, seco, con agua potable cerca y recursos alimenticios próximos.

Después de hacer un refugio para pasar los primeros días y darnos una vuelta por los alrededores a fin de ver de qué material disponemos, hemos llegado a un punto delicado.

Hemos de buscar tres condiciones: nula incidencia destructiva en el ecosistema, técnica sencilla de aprender y relativa rapidez de construcción y. muy , importante, que no haga daño si se desmorona.


 Existe un modelo de choza : que las reúne y lo podemos encontrar tanto en el África de hoy día como entre los antiguos pobladores de Europa y Norteamérica, es decir, adaptable a todos los climas y circunstancias, lo cual es una gran ventaja.

El tamaño está limitado por los materiales disponibles, por el tiempo al emplear, el uso a darle y la propia destreza técnica. Hacerla muy grande no es práctico, y merece la pena comenzar construyendo antes otra más pequeña al lado, ya que con la mayor surgirán grandes problemas técnicos. 



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Un tamaño muy manejable es el de tres metros de diámetro, pero va bien hacer , antes un prototipo menor con la misma técnica para ver qué dificultades tenemos.

La mejor forma es la circular, ya que evitará los problemas del tejado a dos vertientes. Además es la forma geométrica que nos da mayor superficie con menos pared construida. Normalmente no haremos ventanas puesto que la misma puerta —orientada hacia el sur— nos sirve para que entre la luz. 


Si abrimos alguna ventana la tapamos con tela o papel para que entre claridad pero no el viento. Desarrollamos la vida fuera y sólo estamos dentro cuando si hace mucho frío, llueve o para dormir. No son necesarias ventanas panorámicas porque estás harto de luz y sol, y sólo deseas penumbra y un sitio cerrado para descansar e interiorizarte. 

Una vez elegido el sitio, marcad un círculo con un palo clavado en centro y un cordel. Trazarlo a ojo implica una choza-fantasía.


De estar en una zona donde haya piedras planas, puedes construir con ellas una pared circular de un metro de alto. Es preciso cavar un pequeño cimiento, y el muro así edificado ha de ser ancho, pues cuanto más ancho más estable será. Los huecos se rellenan con barro.
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Pero esto es muy complicado y resulta más simple clavar postes en suelo cada cuarenta centímetros y unirlos en su parte superior con un travesaño para dar más fortaleza a la estructura. Luego podemos ir entretejiendo ramas (de avellano, sauce, chopo, etc.), mimbres, plantas de tallos alargados, juncos, cañas, etc. 


Una vez tejido, se recubre con barro arcilloso por dentro y por fuera. También se puede emplear los excrementos frescos de vaca amasados con agua, queda muy bien y el olor casi desaparece a los pocos días.


Una variante es realizar un doble trenzado separado entre sí un palmo o dos y rellenado con tierra ligeramente humedecida; es sólido pero más trabajoso.

Una forma muy sencilla y casi diríamos que la mejor, es construir las paredes igual que el techo: con una estructura básica de palos y sobre ellos haces de hierba superpuestos, asegurando la hilada inferior con otros haces horizontales o cualquier otro sistema para que no pase el viento.


Da tanto o más calor que las otras cabañas y suele ser menos trabajosa en muchas ocasiones.

Si deseamos que la cabaña dure años, antes de clavar los postes recubrimos la parte que vaya a ser subterránea con resina, o los tostaremos ligeramente en la hoguera. 


Lo más importante es el tipo de madera que elijamos. Si los postes son de nogal, roble, encina, boj, olivo o maderas duras, en general aguantarán muchísimo. Si son de pino o abeto bastante menos’ y chopo o saúco un par de años como mucho.


 No se necesitan troncos muy gruesos; para una choza normal bastan unos cinco centímetros de diámetro. Si ampliamos el tamaño de la choza, aumentan con gran rapidez los problemas de sustentación. Por ejemplo, con un diámetro de seis metros (casi treinta metros cuadrados) necesitaríamos ya vigas tan gruesas como postes telefónicos y contrarrestar los empujes laterales del techo.

Siempre, sea cual sea el sistema empleado, intentaremos evitar que la pared entre en contacto con la humedad del suelo, para lo cual colocaremos entre los postes unas losas de piedra inclinadas hacia afuera.
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Para el tejado no emplearemos cualquier hierba como en un vivac rápido, sino que buscaremos alguna con un poco de calidad, larga y con mucha celulosa. El carrizo es la mejor y seguramente durará más que nosotros; la paja de cereales cultivados es buena también pero difícil de encontrar ya que las segadoras actuales la cortan en trozos muy pequeños; peores opciones son juncos, eneas o hierba común.

Para atarlas ya no empleamos un fajito retorcido, sino cuerda de hierba trenzada o cordel. Para aumentar su duración, se puede encerar pasando éstas por una bola de cera o grasa.

Levantar la estructura del tejado no es tarea fácil. A partir de tres metros de diámetro las dificultades aumentan vertiginosamente. Hasta esa medida clave, frontera en la que se detiene el fiel de la balanza entre el lógico deseo de disfrutar de espacio y el no menos lógico deseo de que no existan demasiadas complicaciones, podemos muy bien manejarnos sin andamios de ningún tipo y también, cosa muy importante, hacer el tejado aparte de los muros, lo cual facilita el trabajo (es decir, terminarlo a un lado y luego colocarlo sobre las paredes), desgraciadamente para colocarlo hacen falta varias personas o mucho ingenio. 


Incluso podemos comenzar la casa por el tejado y de esa forma edificar el muro después sin complicarnos en cálculos de la relación entre longitudes y diámetros.

He aquí las medidas necesarias para una cabaña de tres metros. Los postes de las paredes serán de 1,20 metros para que la altura sea de un metro y los largueros del tejado, 3,50 metros. Podemos prolongar el tejado hasta el suelo, en cuyo caso no construimos paredes aunque sí su estructura para ayudar a sostener el tejado; entonces los largueros serán de 4.50 metros aproximadamente. Si deseamos más espacio para estar de pie, se puede subir la pared sin variar las medidas del tejado.


El tejado ha de tener siempre cuarenta y cinco grados de inclinación para estar seguros, y ha de sobresalir de la pared al menos dos palmos a fin de que no se mojen las paredes cuando llueva, sobre todo si éstas son de barro.

Una vez cortados los palos a medida atamos las puntas de tres de ellos dejando que sobresalgan un par de palmos por arriba. Trazamos un círculo de dos palmos más de radio que el de los muros y hacemos que las bases de los palos atados lo toquen, quedando equidistantes entre sí y formando un trípode.


Colocamos entonces el resto de los largueros y atamos sus bases entre sí mediante fuertes palos y luego anudamos fuertemente la cima. De esa forma se obtiene una base poligonal. A continuación, sujetaremos el resto de los travesaños más o menos distanciados entre sí según la largura del material con que contemos, el clima y el tiempo que deseemos estar. 


Cuanta más humedad y más años queramos que aguante, más juntos hay que colocarlos. La distancia mínima para que sea impermeable es tal que la gavilla superior cubra al menos las dos terceras partes de la inferior, y éstas han de quedar fuertemente aseguradas siguiendo el sistema explicado en el apartado del techado y teniendo buen cuidado de que los extremos gruesos de las pajas queden hacia arriba. 


Es posible darle mayor seguridad empleando una atadura en peine (cada fajo se ha de apoyar en tres rastreles; en el superior se ata normalmente, y una vez dispuesta la paja como deseamos, se ata fuertemente otro palo por encima de los fajos al segundo rastrel, comprimiendolos. También se podrían coser al rastrel pero es una técnica un poco más complicada. Todo el trabajo se facilita si mojamos previamente la paja.

Otra forma consiste simplemente en colocar sobre el larguero superior toda una serie de brazadas de paja sin atar en sentido transversal a él, que sujetaremos con dos peines, uno a cada lado. Aquí pondremos paja en grandes cantidades, pues es el lugar donde más probable es que gotee cuando llueva. Es imposible construirla si sopla una ligera brisa.

En la cabaña circular sólo será un punto lo difícil de impermeabilizar. Podemos taparlo simplemente con una gruesa gavilla abierta o tal vez mejor con un tejadillo de cestería tapado luego con hierba y colocado aprovechando lo que sobresale de los largueros.

Dejamos aquí un agujero en la cima de la choza, que nos permitirá hacer fuego dentro y nos facilitará cocinar cuando llueva —cosa aparentemente banal pero que puede ser importante si no para de llover en una semana— o para calentarnos en invierno.

Para la puerta dejaremos simplemente un agujero por el que poder entrar agachado. Cuanto más pequeña, menos frío pasará. Es importante que esté levantada del suelo, para evitar que el frío entre por debajo. Para taparla basta un lienzo tejido con cuerdas de hierbas, o un bastidor hecho con palos y sobre él tejas de hierba, un trozo de manta vieja con piedras atadas al extremo, etc, aquí la imaginación puede correr.


Hemos de poder dejarla más o menos abierta para que el fuego no eche humo. Haciendo las pruebas pertinentes no habrá ningún problema.

En el suelo hay que extinguir la vegetación debido a la humedad que da. Podemos arrancarla y después pisar mucho o dejar que muera sola por la acción combinada de la falta de luz y nuestras pisadas. 


En el centro de la cabaña cavaremos un agujero profundo donde colocar el fuego. Cuidado con el peligro de incendio; las hogueras han de ser pequeñas y no soltar chispas. Para rematar el trabajo es preciso una pequeña zanja circular entre el lugar donde cae el agua procedente del tejado y la pared, con un desagüe en la parte más baja para evitar que se encharque el interior.
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De los palos del andamiaje de las paredes podemos colgar las herramientas y todo lo que se pueda para que no ocupen sitio, pequeñas estanterías de cestería, etc.

He aquí un ejemplo de distribución de una choza de tres metros para dos personas. El fuego, que si fuese individual lo haríamos en el centro, lo desplazamos hacia la puerta para que haya sitio en el fondo para una cama doble, ya que para el calor y aprovechamiento de ropas es más eficaz dormir los dos juntos (desde luego, no tanto que sea peligroso para el tejado). 

Distribuimos en torno a las paredes, por donde es demasiado bajo para caminar, la despensa, los utensilios de cocina, el agua, los útiles de trabajo, la leña para el fuego de una noche y la ropa (colgada de perchas). Lo que usemos poco, debajo de la cama. Para estar sentados junto al fuego podemos emplear la misma cama o cualquier lugar del pasillo. De tener visitas se pueden acomodar en el pasillo para dormir.

AGUA

Uno de los problemas más graves con que nos podemos encontrar es el del aprovisionamiento de agua. ¿Qué hacer cuando falta?

Si prevemos una falta de agua prolongada no beberemos nada en las primeras veinticuatro horas para que el cuerpo ponga en marcha los mecanismos de ahorro de líquidos. Luego se raciona la que tengamos dividiéndola entre los días que faltan para aprovisionarnos. 


La ración del día se toma de la siguiente forma: la mitad se bebe antes de comenzar a caminar. Durante la marcha se enjuaga la boca antes de tragarla con pequeños sorbos. El resto se toma al descansar. Si queda una sola ración y no hemos llegado a ninguna poza, se bebe la mitad ese día y la otra mitad se guarda. 

Al día siguiente se toma sólo la mitad de la mitad que resta. Nunca vaciaremos totalmente la cantimplora pues puede producirse un desplome psíquico si sabemos que no queda nada de agua. Aunque sólo haya un sorbo anima mucho saber que no bebes porque no quieres.

Caminando de noche se gasta menos agua, pero en cambio es más difícil localizar pozos o charcas: 
por eso es conveniente subir por la mañana a alguna colina que domine la zona y ver si se refleja el sol en algún charco o si existe alguna zona frondosa más o menos cercana. 

Además de caminar al amanecer, por la noche y al atardecer, iremos cubiertos con una camisa clara, que reduce la transpiración y evita la acción directa de los rayos solares. Llevar una pajita en la boca quita bastante la sensación de sed al ensalivar continuamente. También es bueno pensar en limones y respirar suavemente sólo por la nariz.


Es preferible suprimir las comidas pesadas, proteicas o harinosas y, de no tomar agua, la sal. Por contra, si tenemos toda el agua que queramos la sal es imprescindible.

BÚSQUEDA DE FUENTES

Es algo instintivo. Pero como la mayoría tenemos los instintos casi anulados hemos de ayudarnos con algunos datos:

  • En terrenos graníticos, si encontramos una zona húmeda excavaremos en el lugar más bajo.
  • En vaguadas de terrenos calizos, pegaremos el oído al suelo. De oír agua recorreremos la vaguada para ver dónde surge, ya que muchas veces mana y luego se oculta. Si no aparece ningún sitio, cavamos donde más claro se oiga y más humedad se note.
  • También en terrenos calizos, las cuevas y entrantes marcan las fuentes, o al menos en su interior suele gotear agua.
  • Una fuente suele manar donde se juntan dos estratos minerales distintos, uno impermeable debajo (arcilla o margas por ejemplo) y otro permeable encima (caliza, conglomerado).
  • Normalmente las sendas pasan por donde hay fuentes. Los pueblos y caseríos abandonados han de tener un punto de agua próximo.
  • En un caso desesperado, huellas de animales abundantes y de especies distintas nos pueden indicar la dirección, aunque no es un método muy seguro.
  • Plantas indicadoras: cañas, juncos, chopos, sauces, hierba más verde que los contornos, etc.
  • El olor de humedad que trae el aire, y es importante el sonido del goteo que se escucha de lejos si permanecemos atentos.
  • Con ir bajando siempre de vaguada en vaguada acabaremos llegando a un río.
 OTRAS FORMAS DE OBTENER AGUA


La savia de las plantas se puede beber, siempre que sea de color claro y tenga buen sabor, nunca la lechosa o colorada, de sabor ardiente o amargo.

En una playa es posible chupar con una pajita (obtenida de cualquier gramínea) el agua que sale al excavar un poco apartados de la línea de mareas. Sólo se toma la superficial, que aunque de sabor salobre, es perfectamente bebible.

La nieve o el hielo jamás los tomaremos derritiéndolos en la boca. Primero se derriten al fuego o de no haberlo se meten en la cantimplora y ésta entre las ropas, al caminar. Luego se le añade sal, litines, ceniza de leña, arcilla o todo junto. Se airea agitándola (muy importante para que siente bien) y se toma la mezcla resultante.

La sangre y los jugos intestinales de los animales pueden proporcionar líquido en un caso extremo.
"Obtener agua potable"

Antes de acostarnos, en el fondo de una vaguada soleada preparamos un destilador solar haciendo un hoyo en el suelo de un metro de diámetro y casi otro de profundidad. 

En la parte más honda colocamos un bote de boca ancha para recoger el agua. Metemos en el hoyo abundantes plantas lo más verdes posibles y en otros botes o platos agua salada o la orina contenida durante todo el día. 

Se tapa cuidadosamente con un plástico cuyos bordes se recubren con piedras y arena (de estar más de un día se coloca un tubito de goma desde el recipiente al exterior para no tener que interrumpir el proceso para recogerlo, pues alcanza su máxima eficacia al segundo día de funcionar, bajando a partir del tercero; si sólo ha de estar un día es innecesario).

Con cuidado se coloca una piedra encima del plástico de forma que quede justo encima del recipiente de recolección y le da al plástico una inclinación suficiente. El mecanismo es el siguiente: el sol evapora la humedad del suelo, de las plantas y de la orina o agua salada, condensándose en el plástico. Resbalan las gotas hasta el vértice colgante que forma la piedra y de allí caen al bote.


Es preciso que el plástico esté suficientemente inclinado o no resbalarán. La producción depende de muchos factores: humedad del suelo, calor del sol. número de plantas, superficie del plástico…pero podemos decir que proporciona alrededor de medio litro al día. 


Desde luego en una playa es más productivo, o si se empapa el suelo con agua salada, corriente en algunos lugares (jamás emplearemos agua con anticongelante de un automóvil, pues este fuerte tóxico es muy volátil y pasaría al agua de beber).

Otro sistema para obtener agua es recoger el rocío. Cuando el cielo comienza a clarear, extendemos todo lo que tengamos brillante: papel de aluminio, plástico, etc. El rocío que se condense allí y en las plantas verdes, si es que existen, lo reunimos con una esponja o un pedacito de tela y lo sorbemos.


Para recoger agua de lluvia, simplemente elevamos un poco las puntas del plástico y colocamos una piedra en el centro.

NUNCA BEBEREMOS:
  • Agua de mar, pues da más sed. Esto es relativo, se puede beber hasta medio litro al día en pequeños sorbos sin trastornos, a ser posible mezclando a partes iguales con agua dulce.
  • Orina, pues es contraproducente, ya que sirve de diurético y dará más sed después. Sin embargo, la podemos destilar como antes se ha explicado.
  • Aguas contaminadas, ya que provocarán diarreas que nos deshidratarán rápidamente. De vernos obligados a beberlas hay que destilarlas o emplear los métodos de purificación descritos seguidamente:
LA PURIFICACIÓN DEL AGUA


Un agua contaminada por bacterias, bebida directamente, puede dar lugar a enfermedades… en teoría. Por experiencia personal, tras haber bebido agua de todos los colores desde el verde al negro, todo depende del entrenamiento. Se prepara agua bacteriológicamente sucia mezclando limo de rio, hojas e insectos muertos, algún pedazo de carne, y se deja unos días al calor. Se filtra y se guarda en la nevera. Se toma durante dos días una cucharadita disuelta en agua normal sin cloro, luego del tercer al cuarto día dos cucharaditas separadas, del cuarto al séptimo dos dedos, del séptimo al catorce medio vaso. 

En caso de iniciarse una diarrea se suspende la experiencia y se vuelve a comenzar una semana más tarde. Antes de iniciarla ha de beberse únicamente agua sin clorar, a ser posible de fuente y ya la tomaremos así siempre, puesto que el agua clorada destruye todo nuestro trabajo. 


Esta especie de “vacunación” no es necesaria nunca más si tomamos aguas sucias más o menos a menudo, salvo que viajemos a zonas con epidemias, en cuyo caso las nuevas aguas serán consideradas contaminadas y se irán tomando según la pauta indicada y bebiendo el resto previamente purificado.

Para purificar un agua de sus bacterias, incluso de muchos de sus contaminantes químicos (¡o radiactivos!), la herviremos durante cinco minutos (o treinta en caso de epidemias), luego la pasamos por un filtro —que ha de renovarse cada tres días— fabricado con una lata de fondo agujereado, con arena fina abajo y gruesa arriba. 


Luego la ponemos en carbón vegetal pulverizado, la agitamos abundantemente y la dejamos sedimentar. La cambiamos de bote tirando el sedimento y hacemos lo mismo esta vez con arcilla. A continuación la colocamos al sol en un plato llano y la agitamos para que se oxigene. Este largo procedimiento nos garantiza un agua purísima. 


Sólo es necesario en el caso de aguas muy peligrosas; normalmente se puede emplear únicamente ya sea la ebullición, el filtrado o la sedimentación, recordando que el agua hervida siempre ha de agitarse para que se oxigene.

Hay pastillas purificadoras o se puede echar dos gotas de lejía por litro. Sin embargo, en caso de tener que mantener un agua en verano durante mucho tiempo hay que colocar dos gotas de lejía por litro cada semana como mínimo, o bien productos químicos especiales (yodo, etc.).

ORIENTACIÓN Y TOPOGRAFÍA

ORIENTACIÓN


Los seres humanos nos orientamos instintivamente por los lugares que conocemos sin necesidad de pensar. Pero si hemos de ir por donde no hemos pasado nunca nos quedamos paralizados, sin poder alejarnos mucho del punto de partida y por supuesto con pocas posibilidades de llegar a algún sitio.

 En este apartado trataremos el fundamento técnico necesario para aprender a orientarse. La práctica es imprescindible para dar vida a las palabras.

CÓMO ENCONTRAR LOS PUNTOS CARDINALES SIN BRÚJULA


Todos sabemos que si nos ponemos mirando hacia el norte, el este cae a la derecha, el oeste a la izquierda y el sur a la espalda. Conociendo uno de estos puntos cardinales podemos deducir la posición de los demás. 

Sin contar con la brújula, para saber dónde está un punto cardinal existen métodos bastante seguros y métodos tan imprecisos que apenas se emplean.

EL SOL
De niños nos enseñaron que el sol sale por el este y se esconde por el oeste. Bueno, pues eso es una verdad a medias. El sol sólo sale por el este y se pone por el oeste dos días al año: en el equinoccio de primavera y en el de otoño (21 de marzo y 23 de septiembre). 

A partir del 21 de marzo se va desviando un poquito cada día hacia el norte tanto el orto como el ocaso, hasta el solsticio de verano (22 de junio) en el que casi sale por el nordeste y se oculta por el noroeste. De ahí en adelante vuelve a su posición “oficial” que alcanza el 23 de septiembre. 


Y otra vez la misma historia, pero hacia el sur, de forma que el 25 de diciembre casi sale por el sudeste y se pone por el suroeste. Conociendo este proceso se pueden deducir con bastante precisión los puntos cardinales si el terreno es llano (en un terreno montañoso engaña bastante).


Lo que no cambia es la posición del sol al mediodía, que siempre es hacia el sur, aunque en verano está más alto y nos dificulte más el localizarlo.

En verano y al mediodía, es un buen truco colocarnos bien rectos de espaldas al sol. Hacia donde se desvíe un poquito nuestra sombra, ése es el Norte. En invierno no hay problema, porque el sol está suficientemente bajo como para no haber dudas. 


¡Pero cuidado! La hora oficial está adelantada en verano dos horas sobre la solar y en invierno una. Así que en verano mediodía será a las 14 horas y en invierno a las 13 h.

LA ESTRELLA POLAR


La estrella polar es una estrella pequeñita y poca cosa, que nadie mencionaría si no fuera porque es la única estrella fija del firmamento y además está colocada hábilmente justo en el norte. Su utilidad de noche, cuando no está nublado, es enorme.
"Puntos cardinales. Estrella polar"
¿Cómo localizarla? Busca la Osa Mayor si la conoces, y si no pide a un amigo que la conozca bien que la enseñe. Une con la imaginación las dos últimas estrellas y prolonga la línea cuatro veces su longitud en el sentido que indica la fig. 2, hacia un sector casi vacío de estrellas. 


Allí, brillando tímidamente, está la Estrella Polar, acompañada los días muy despejados por las demás estrellas de la Osa Menor.



LA LUNA


Para simplificar las fases de la Luna, recuerda que le gusta llevar la contraria. Así que cuando Crece tiene forma de D y cuando Decrece forma de C. Es importante saber diferenciar los dos cuartos porque en el cuarto creciente los cuernos apuntan al este y en el menguante al oeste. Más fácil, un refrán: “Cuarto creciente, cuernos al oriente”. 

La luna lleva la contraria al Sol: si bien sale por el Este, sube al Sur y se oculta por el Oeste en los equinoccios (hasta ahí todo es igual), luego en invierno está más rato en el cielo pues sale por el noreste y se oculta por el noroeste, y en verano va de sudeste a suroeste. En todos los casos su cénit está en el Sur, más o menos alto según la estación.

EL RELOJ


Este aparato puede servir para orientarnos de la siguiente forma: Pon primeramente el reloj con la hora solar. Apunta hacia el sol la manecilla pequeña y la bisectriz del ángulo que forman la manecilla pequeña y las doce del reloj señala más o menos hacia el sur (fig. 3)
"Punto cardinales. El reloj como una brújula"


LAS SOMBRAS



A primera hora de la mañana y última de la tarde la sombra es más larga que durante el resto del día. El momento en que la sombra tiene su longitud mínima coincide con el momento en que el Sol está en el punto más alto de su aparente recorrido: son las 12 del mediodía en el lugar en que está clavado el palo. Esto es, la hora solar verdadera, que no acostumbra a coincidir exactamente con la hora oficial.

A las 12 del mediodía solar la punta de la sombra que está alejada del palo indica la dirección del Polo Norte geográfico, y por tanto el otro extremo de la sombra -el que está pegado al palo- indicará la dirección del Polo Sur. Atención: No aplica para todos los puntos geográficos.

También marcar la sombra del palo y girar esta señal quince grados por cada hora que falte o sobrepase el mediodía, hacia el este por la mañana y al oeste por la tarde. La marca resultante nos señalará el norte (fig. 4).

OTROS MÉTODOS POCO SEGUROS


Tienen un valor permanente complementario, casi sin importancia y no conviene fiarse de ellos.
— Suele haber más musgos y líquenes en las caras norte de árboles y rocas.
— Al levantar una piedra está más húmeda la parte norte.
— La nieve y el hielo se conservan más tiempo en la cara norte de las montañas.
— Los círculos de los tocones de los árboles cortados suelen estar más juntos en la cara norte del árbol (especialmente marcado en las coníferas).
— Los ábsides de las iglesias románicas suelen estar orientados hacia el este o el sureste.
— Las hormigas prefieren abrir los agujeros de sus hormigueros hacia el sur.
— Las aves emigran hacia el sur en otoño y al norte en primavera.

LA BRÚJULA


Puede pensarse que sabiendo buscar el norte por el sol y las estrellas no es necesaria una brújula, sin embargo la brújula es imprescindible cuando hay:
  • Niebla. Salir sin una brújula y un mapa es poco menos que desear pasarse unas horas o unos días dando vueltas perdido como mínimo. Sin ellos es mejor no moverse aún en la creencia de conocer muy bien el terreno.
  • Noches nubladas. Si además es luna nueva, no hay forma de conocer el norte, pues no tenemos ningún signo de orientación. Para ser capaz de orientarse sin brújula es preciso tener muchísima práctica en topografía y aún así es mucha la inseguridad.
  • Días nublados. Hay días en que todo el cielo está uniforme, difuso; no hay sombras ni puedes suponer dónde está el sol, sobre todo en valles con crestas altas.
  • Marchas sobre nieve. El sol reflejando en la nieve puede llegar a desorientar al más curtido, engañan las alturas, los entrantes, los desniveles. En una situación así no se puede despreciar ninguna ayuda, y menos la de la brújula.
  • Marchas que exijan gran precisión. Evidentemente, en este caso no podemos calcular los ángulos a ojo. 
CÓMO DEBE SER LA BRÚJULA

Lo primero es que esté rellena de un líquido especial que impida que la aguja baile media hora cada vez que la mueves. Para saber si está rellena muévela. Si la aguja se niega a abandonar el norte y vuelve a él tras una o dos oscilaciones, buena señal. 

También importante que el fondo de la brújula sea transparente, de forma que colocada sobre el mapa pueda servir de transportador de ángulos. Desde luego, ha de tener un círculo con los grados marcados y poder girarse ese círculo independientemente de la caja.

Otro detalle necesario es que los puntos cardinales y el norte de la aguja sean fosforescentes. 

Interesantísimo y en lo que casi nadie piensa al comprarla si no la sabe emplear es que tenga dos puntos de mira fosforescentes para poder apuntarla como si fuese un rifle. Complemento indispensable de ello es un espejito que nos sirva para ver su círculo graduado al mismo tiempo que apuntamos.

Aunque no es fundamental, a veces va bien que lleve incorporada en la caja una regla para medir las distancias en el mapa, y una argollita para atar un cordel y colgarla del cuello.


Si además la caja fuese de metal no podríamos pedir más, pero una de plástico es bastante más barata y sirve perfectamente. Ahora bien, no intentéis ahorrar en los demás detalles porque ahorrar no es comprar cosas que no sirven.

EL EMPLEO DE LA BRÚJULA


La aguja se desvía teniendo cerca un reloj, linterna u otros objetos metálicos, igual que dentro de un automóvil. También la trastorna la electricidad de las líneas, y se ha de emplear con escepticismo si hay cerca una tormenta eléctrica.

Las mismas técnicas que en la orientación sólo con el plano nos permiten localizar montañas, el norte, trazar ángulos, etc. un poco a ojo, se emplean aquí pero con mayor precisión.
"El uso de la brújula"

Para saber qué ángulo forma una montaña con nosotros y el norte del plano, apuntamos con la brújula hacia la montaña. A continuación, girando el círculo de los grados y mirando en el espejo, que estará levantado 45 grados, hacemos coincidir la señal del norte del círculo con la aguja (fig. 27). 

Como el norte magnético se encuentra en España unos 5 grados al oeste del norte geográfico o de los mapas, hemos de compensar ese ángulo colocando el norte 5 grados a la derecha siempre que apuntemos la señal del norte del círculo con la brújula, dejándola esos 5 grados a la izquierda.


 A continuación miramos (en el espejo o directamente sobre el círculo) los grados a los que está desviada la montaña del norte geográfico, ángulo llamado azimut. Al mirar los puntos cardinales en el espejo, tengamos en cuenta que al invertirse la imagen podemos confundirnos. 


Cuando caminamos por un sendero, trasladando al mapa el ángulo que forma la línea entre nuestra posición respecto al norte y una montaña, encontramos exactamente el punto donde estamos.

Si caminamos campo a través no podemos saber dónde estamos si no cogemos otro punto de referencia, así pues, buscamos el ángulo con otro relieve y también lo llevamos al mapa y donde se cruzan las dos líneas allí estaremos con una aproximación de 500-100 metros. Para una precisión de 10 metros hay que examinar los accidentes del terreno.

No es imprescindible ir por ahí con regla, lápiz, transportador, etc. La misma brújula nos sirve de transportador y unas pajitas rectas subsanan la falta de regla y lápiz.

EL BOTE DE SUPERVIVENCIA

El recipiente ha de ser metálico —no de cartón aluminizado— y así nos sirve también para cocinar. La tapa hermética, impidiendo que entre el agua al interior y para que vaciando todo en una bolsa de plástico nos sirva de cantimplora. Por la cara interior la tapa puede servir de espejo de señales. Rodeando todo el bote hay una gruesa tira de esparadrapo, que de paso evita cierto sonido metálico enervante cuando va en la mochila e impide que si lo llevamos fuera lance destellos que podrían confundirse con señales.

En la cara interna de la tapa lleva pegada una tira de papel diciendo en primer lugar la fecha de la última revisión de su interior, pues una vez al año como mínimo hemos de examinar los alimentos, la carga del mechero, etc. A continuación una lista de todo lo que llevamos dentro, que permitirá que lo emplee alguien que desconozca lo que contiene. Al lado de cada producto que se pueda estropear pondremos su fecha de caducidad, lo cual nos servirá para cambiarlo a tiempo.


Al lado de la tapa vemos unas pequeñas tijeras bien afiladas. Para cortar con precisión una tela o la piel de una herida. 
Bajo la tijera, tiritas sin dividir. Una ampolla en el pie puede ser algo molesto. Desde luego que se puede improvisar algo con plantas, pero la eficacia y la sencillez de estos apósitos (además de ocupar poco) merecen un lugar en el botiquín.

Es mejor recortarlas nosotros mismos para poder elegir el tamaño que más convenga. Pueden sustituirse por algo de esparadrapo, pero tal como están empaquetadas se mantienen del todo limpias.


En el extremo un plástico de vivac, (de un grosor suficiente) de 2 x 1,5 metros envuelto en fuerte cordel que servirá para hacer los tensores. ¿Cómo conseguir reducirlo a tan poco espacio? Extendido en el suelo se dobla por la mitad, se le quitan las arrugas y se le pasa una plancha tibia para sacar totalmente el aire. 


Se repite una y otra vez hasta que queda de tamaño conveniente. Entonces se enrolla y se comprime fuertemente con el cordel. Si no sale bien a la primera repite el intento y si aún no sale, busca un plástico un poco más fino. Así podemos llevar con nosotros una tienda de campaña. En estas condiciones el plástico resistirá cinco años sin deterioro.


Debajo, un billete de alta denominación. No es ninguna tontería. Es utilísimo para tratar con humanos. Muchas cosas que necesitas en un apuro te las entregan sólo con darlo. 


Al lado suyo un preservativo. Es utilísimo por ser muy polifacético. Aparte de su uso tradicional, puede llevar más de un litro de agua, hincharse como flotador (teniendo cuidado de no rasgarlo con las uñas), guardar sin que se mojen las cerillas o lo que sea necesario, etc. Últimamente los venden lubricados con productos químicos, lo cual es una porquería y los inutiliza para trasportar agua. Lo idóneo es que sólo lleven vaselina. Ha de cambiarse a los dos o tres años.

A su lado vemos unas pildoritas. Las rojas son antibióticos, concretamente ampicilinas. Las blancas son un calmante muy fuerte. No sé otro sistema para permitir que no muera alguien por ejemplo con quemaduras extensas o traumatizados con fracturas abiertas, cuando lo natural sería morir de dolor al entrar en shock.


Proporcionar cobertura antibiótica durante dos días en los ejemplos anteriores puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Si tuviesen un entrenamiento mental lo superarían, pero esto es rarísimo.


Otras pastillitas son las anfetaminas. Si estamos totalmente agotados y parar significa la muerte (por ejemplo nadando, en la nieve, teniendo que realizar un esfuerzo extraordinario como llevar a cuestas un herido grave durante treinta kilómetros) es un buen momento para tomar una. Momentáneamente vuelven las fuerzas, se suprime el sueño y todo se ve claro… hasta que seis u o ocho horas más tarde desaparece el efecto y nos desplomamos, a no ser que tomemos otra. 


Cuantas más tomemos, menor es la duración de su eficacia y más profundo el bajón subsiguiente. Sus efectos sobre cuerpo y mente son horribles. Solamente con una ya estaremos luego con dolor de cabeza y necesitando dormir muchísimo, totalmente agotados, pues no da fuerza sino que disimula la fatiga, aplazándola. 


No es broma tragar una cosa de esas y sólo se debe hacer para salvar la vida propia o de otro, y entonces son utilísimas. Aquellos que tengan un buen entrenamiento mental tal vez las consideren superfluas, pero incluso para ellos puede ir bien alguna vez. 


Lamentablemente, la sensación de momentáneo estímulo agrada a muchos drogadictos. lo cual hace que sea difícil conseguir una receta médica para comprarlas, ya que nadie cree que sean para una finalidad sensata. ¡Ah! cuidado con la fecha de caducidad de los medicamentos.


Encima de las pastillitas. para situaciones prolongadas donde la alimentación vegetal sea claramente insuficiente, un montón de anzuelos (al menos de dos tamaños distintos y adecuados a la región), al lado una serie de hilos de pesca (10 metros de cada tipo y 25 metros del grueso, para hacer 5-6 líneas de pesca). Y un circulito en el que hay 8 metros de alambre de acero (para tender doce lazos para conejos).


En el extremo, una caja de cerillas impermeabilizadas. Para fabricarlas se cogen cerillas que no sean de seguridad y se meten en la cera líquida de una vela ardiendo y cuidando que no se prendan. Se dejan secar y ya está (también se pueden pintar con laca de uñas). La prueba de que funcionan bien es meterlas cinco minutos en el agua. Deben arder una vez secadas ligeramente con un paño. Su caducidad es de dos años.


Como en la caja de cerillas sobra sitio, la rellenamos con imperdibles de distintos tamaños que son utilísimos: desde para sujetarnos provisionalmente unos pantalones que se caen por haber perdido el botón (un problema si hace mucho frío) hasta para cerrar una cremallera rota. Llevamos además hilo negro y una aguja de coser.


Debajo de esto vemos un sobre metalizado. No es papel de aluminio sino una manta de supervivencia. Está hecha de un material tratado especialmente, que abriga más que un saco de plumas. Una de sus caras aisla del frío y otra del calor. Es resistente y puede soportar un par de semanas de uso cuidadoso sin deteriorarse, y luego un par de meses a base de remiendos de cinta aislante. 


Evidentemente es un sustituto sólo de emergencia de un saco de dormir normal, muy útil si éste se ha mojado o perdido, o para resguardarnos del calor del sol. Sirve también una funda de colchón pequeño como sustituto del saco de dormir, aunque es menos versátil y cálida.

A su lado, de arriba abajo, vemos en primer lugar una pastilla de glucosa envuelta en papel de plata para que no se deshaga. Es interesante, no por el alimento que contiene, sino por si sufrimos un choque hipoglucémico con el ayuno. Si falta alguna comida se notan mareos, debilidad, etc. lo cual no tiene importancia: pero si nos sucede esto en un momento comprometido, en el que necesitamos todas nuestras fuerzas, entonces un poquito de glucosa puede ser la diferencia entre caer o pasar. 


El mismo efecto lo consigue un poco de miel, pero ocupa más espacio por necesitar un frasco. La misión del montoncito de almendras es idéntica a la de la glucosa. Ambas han de sustituirse a los dos años.

Más abajo, una cuerda de nylon de tres metros, comprobada su resistencia a nuestro peso. Tiene tantas cualidades que no se pueden enumerar. Un corcho (con un par de gomas elásticas) si no tenemos madera alguna servirá de tapón de la cantimplora si se rompe o pierde el suyo. 


Quemándolo un poco puede servirnos para marcar señales grandes sobre rocas, o para tiznar el cuerpo o protegerlo de los rayos solares si no tenemos ropas.

Finalmente, una linterna, la más pequeña que se pueda encontrar. La pila ha de cambiarse cada año. A la izquierda de las almendras unos cuantos metros de alambre maleable y en su interior cinta aislante.

"El kit de supervivencia"El de acero es muy difícil de trabajar, y éste tiene los usos más impensados y variables, desde coser suelas de botas rotas hasta atar puntas de flecha. La cinta aislante nos sirve fundamentalmente para tapar los agujeros que se puedan originar en el plástico o en la manta metálica.

A su lado, una venda elástica con sus enganches dentados, que sirve tanto para una herida como para un tobillo torcido. Vemos también un mechero. El fuego es tan importante que merece la pena llevarlo duplicado. Tengamos en cuenta que un mechero equivale a dos mil cerillas. Revisemos su carga cada año. Si se moja la piedra (lo que no pasa si es electrónico) secándola con un trapo vuelve a encender.


La vela envuelta en papel de plata y esparadrapo (está entre el mechero y el billete) nos sirve para encender un fuego con madera mojada, impermeabilizar una camisa o aplicar la cera en una quemadura. Lo mejor es hacerla nosotros mismos con tiras de cera virgen enrolladas en torno a una mecha. Es importante que vaya bien envuelta o con el calor se dispersará por el bote. 
Bajo ella, un recipiente con sal marina

Al lado, papel de aluminio envolviendo a un papel normal, y debajo un lápiz. El papel de aluminio es tremendamente versátil; incluso podemos cocinar con él. El papel normal puede ser útil para prender un fuego, dejar escrita una nota si nos hemos perdido indicando hacia dónde pensamos ir, hacer testamento, etc.

Al lado, una bolsa de basura, de plástico. Nos cubrirá la mochila y/o el saco de dormir cuando llueva, podremos meter en ella ropas o cosas delicadas cuando vadeamos un río, para recolectar hierbas, frutos, etc.


En la navaja no debemos intentar economizar espacio. Es fundamental que sea suficientemente grande como para manejarla con comodidad.


Las agujas de coser, imperdibles, etc. que llevemos podemos magnetizarlos frotándolos (siempre en la misma dirección) con un imán. Les damos un toque de pintura en el lado sur (que es el que indica luego el norte) y ya tenemos mil brújulas de emergencia. Una pequeña lima de metales para desmellar un filo, trabajar un hueso, etc.

En su lado cerrado vemos una pequeña pinza, útil para sacar astillas. Con esta pinza, la navaja afiladísima, las tijeras y los imperdibles, contamos con un mínimo equipo de cirugía de urgencia.

Al volverlo a meter todo después de hacer la foto sobró sitio, así que ahora también hay un pequeño mosquetón de escalada y un par de docenas de garbanzos
Éstos además de cocinados, se pueden comer crudos metiéndolos en la boca y ensalivándolos tranquilamente como un caramelo, eso calma la sensación de hambre.

Como es importante que el botiquín siempre esté lleno para que las cosas no bailen y produzcan un ruido, puede añadirse un botecito con antídoto universal, ahora eliminado por el carbón vegetal —fácil de encontrar en el campo—; un par de clavos de escalada y un clavo fuerte de acero como punzón, etc.


Este bote cabe en los bolsillos de las mochilas normales. Para transportarlo aislado va bien una red que sirva a la vez de zurrón, hamaca y mochila.

Útiles hechos sobre la marcha

CUERDAS


Son muchas las veces que estando en el campo tenemos que atar algo y no tenemos con qué o mejor dicho no sabemos con qué.

Una de las mejores correas es la corteza de castaño. Se saca en tiras largas más o menos estrechas según la necesidad (sale muy bien y muy entera), es muy flexible y bastante resistente.

Va bien para injertar, como ligadura. En cestería artesanal se utiliza en lugar de la cuerda para sujetar los costados cuando se levantan. Si estas correas vegetales llevan tiempo cogidas y se nos han quedado algo secas, se deberán mojar antes de utilizarlas. 


A veces se usan las cortezas de sauce o de tilo silvestre. Si no tenemos a mano ninguno de ellos también se pueden improvisar unas ligaduras con la corteza de otros árboles, aunque son peores. Se utilizarán ramas lisas y jóvenes, se sacarán con cuidado; en invierno salen peor. La corteza de torvisco tampoco ata mal.

Con un manojo de juncos o con unas pajas de centeno mojadas se ata un fardo, una gavilla o lo que haga falta. Las ramas de un año de las mimbreras son muy flexibles y nos pueden ayudar a sujetar unos palos. 

Otra buena cuerda la constituyen los tallos del lino, del que existen varias especies, todas ellas con propiedades similares. Crece espontáneo por las cunetas y lugares incultos y antes era muy cultivado por sus aplicaciones para tejidos y por sus semillas por el aceite de linaza. Una cucharada de estas semillas en ayunas tras haberlas macerado toda la noche es, sin purgar, de los mejores remedios para el estreñimiento.


Las cuerdas y las sogas típicas son de esparto (Lygeum spartum). Los tallos de las ortigas y las fibras de las ramas de la retama o hiniesta (Sa-rothamnus scoparius) también se pueden atar.

Así pues, si tenemos que hacer un refugio con palos y ramas o tenemos que atar o sujetar cualquier cosa, con cualquiera de todas estas plantas, podemos improvisar fácilmente una ligadura.


Desgraciadamente no tenemos por aquí lianas de treinta metros de largo, así que para aumentar su resistencia iremos empalmando los materiales unos con otros hasta obtener el grosor suficiente e incluso sostener el peso de un hombre sin problemas. El mejor método es la trenza.


Hacemos un nudo en el extremo y comenzamos a trenzar por ahí (fig. 1). La fibra que queda abajo pasa siempre al centro y arriba (fig. 2). Trenzando y trenzando llegamos al final de las fibras. Para empalmar ver la fig. 3. 


Las uniones de las distintas tiras no deben coincidir en una misma zona sino que estarán distribuidas uniformemente a lo largo de la cuerda. La longitud será la que deseemos.


"Tipos de nudos"
Para obtener las cortezas de las ramas jóvenes, una vez limpias de hojas se inicia una raja en la zona más gruesa y estirando de allí sale entera (por ejemplo en el cornejo) o bien, si se adhiere mucho a la madera, golpeándola entre dos piedras a todo lo largo (sauce, brezo, etc.).

Para obtener las fibras de plantas algo duras (ortiga, malvavisco, clemátide, etc.) quitamos las hojas, las aplastamos entre dos piedras con cuidado y las mantenemos dentro de agua un día o dos. Las deshilachamos lo más que podamos a continuación.


Si el atado no ha de durar mucho ni resistir gran esfuerzo no es necesario realizar este proceso y puede atarse directamente con el tallo. Los vegetales de por sí flexibles y que no se quiebran al doblarse (tallos y hojas de gramíneas, hojas de palmito, etc.) se trenzan directamente. 


Si las fibras que empleamos son poco flexibles —de juncos por ejemplo—, en ese caso las pasamos entre dos piedras apretadas. Para que pierda rigidez la cuerda, una vez terminada con su nudo correspondiente, se pasa sobre una rama y se frota con ella tirando alternativamente de los extremos.

Para más abundar en los materiales comúnmente empleados tenemos la corteza interior del olmo o del tilo, cáñamo, gayuba, Galeopsis tetrahit, Ampelodesma mauritanica, pita. etc. Cualquier vegetal algo fibroso y alargado nos puede servir si estamos en un apuro. Nuestro sentido común y la experiencia nos lo dirá.

Es posible obtener una cuerda haciendo tiras con una camisa, pantalón, sábana, manta, etc.. y para que tenga resistencia han de trenzarse. Un pantalón o camisa no ha de ofrecerse a alguien que por ejemplo haya caído a un pozo o esté en un paso difícil, pues ceden por las costuras. En vez de eso se desgarran por las costuras y se unen las piezas con un nudo plano (es probable que no haya tiempo para trenzar).

TEJIDO Y REDES


Como puede suponerse, tejer una manta a partir de hierbas es una labor pesadísima, especialmente al trenzar todos los metros de cuerda necesarios. Una red emplea menos material y puede servir para preparar una mochila o una hamaca (para pescar no sirve) También se pueden hacer cordeles, pero sobre todo proporcionan finos hilos la ortiga, lino, hiniesta, malvavisco, lúpulo; el Agave americana o pita los da unidos a una aguja.

Existen dos nudos para red: el plano y la vuelta de escota (verlos más adelante). Los profesionales sólo utilizan la vuelta de escota pero para nosotros, especialmente si trabajamos con materiales improvisados, el plano sirve muy bien y es más sencillo de emplear.

Para trabajar con este nudo tenderemos en alto un palo horizontal del ancho de la red. Vamos cortando tiras de cuerda de una longitud aproximadamente cuatro veces la deseada para la red, aunque esta medida es muy variable y depende del grosor de la cuerda y lo tupido que tejamos. 


En general procuraremos hacerlas lo más anchas posible, pues se emplea menos material y trabajo. Buscamos la mitad de cada trozo y lo colgamos del palo. El número de trozos y su separación dependerá del ancho que le deseemos dar al agujero de la red. 


Seguidamente se atan los cordeles de dos a dos con nudos planos y una vez hecho esto se atan otra vez pero ahora al otro que tengan al lado. Siguiendo con este proceso se hace toda la red. Si falta cuerda se puede añadir más con nudos planos también, pero procurando que no queden todos en la misma línea.

LA CESTERÍA


La cestería es de lo más útil; conocer sus principios equivale a poder improvisar muchísimas cosas: cestos para recolectar, mochilas, etc. Desde luego aquí vale también la advertencia indicada para el tejido, la cerámica, el curtido, el calzado y demás artes: son difíciles y dominarlas requiere año. 

NUDOS PRINCIPALES


Los nudos no son una cosa de boy-scouts o de niños, y muy pocas personas conocen el ABC de tan prácticos recursos.

Bulín. Sirve para unir una cuerda a una rama o palo. Es muy seguro y se puede deshacer muy fácilmente dejando una gaza en la última vuelta y estirando del cabo libre cuando convenga. Es uno de los más empleados.

Ballestrinque. Otro de la amplia serie que sirve para sujetar una cuerda a un palo. Es muy rápido de hacer. A diferencia del bulin, se aprieta cuando se estira y por lo tanto tiene usos diferentes. Lo hacen en las películas los vaqueros del oeste cuando dejan el caballo.


Ballestrinque triple. Más seguro que el anterior, sirve para atar un palo cuando la tensión puede hacer que el nudo se corra para abajo. Se emplea mucho.


As de guía. Es algo difícil pero importantísimo; hay que saber hacerlo con los ojos cerrados. Tiene como característica dejar una gaza que no se aprieta jamás por mucho que se estire. Entre otras cosas lo empleamos para asegurarnos al atravesar un paso difícil, pues con otro nudo si cayésemos se reduciría la gaza y nos haría mucho daño.


Para atarnos nosotros seguimos el proceso de la figura. El cabo corto, en la derecha, pasa por encima, sigue sin soltarse por dentro subiendo junto al vientre, va hacia la derecha y luego, pasando por debajo del extremo largo, se suelta el cabo de la mano por primera vez desde que iniciamos el nudo y se vuelve a sujetar una vez ha pasado. 


A continuación la mano se escurre junto con el cabo hacia afuera y ya está hecho el nudo, debiendo ajustarse a continuación. Si en vez de ir los primeros o los últimos vamos en medio, el nudo es el mismo pero con la cuerda doble, siendo el seno el extremo corto con el que formamos el nudo. 


Rizo o nudo plano. Este nudo famoso y sencillo de hacer se emplea para unir dos cuerdas del mismo grosor siempre y cuando no nos juguemos la vida si cede el nudo. Los cabos que van en el mismo sentido son paralelos y pasan por el mismo lado de la gaza. Se puede emplear para tejer redes sencillas


"Nudos principales de supervivencia"

Vuelta de escota. Si se intenta unir una cuerda gruesa a otra fina con un rizo, se observará que al tirar fuerte se deshace en muchas ocasiones. Este nudo lo impide, y sirve también para tejer redes mucho mejores que las de nudo plano pero bastante más complicadas.

De pescador. Si tienes que colgar alguna vez de una cuerda a mucha altura, y a esa cuerda hubiese que hacerle un empalme, no es el plano el nudo adecuado, sino este otro mucho más seguro, que tiene la desventaja que una vez apretado es difícil de soltar. 


También si unes dos sedales de pesca con un plano se soltarán, pues patinan muchísimo. Para que sea indestructible se hace una piña en los cabos.

En ocho. Cada vez que queramos una piña al final de un cabo para que no patine, haremos este nudo.

De anzuelo. Sirve para asegurar el final de una cuerda con otra más fina para que no se deshilache, para unir un sedal a un anzuelo (es uno de los pocos nudos que no se deshace en el agua) o unir un sedal fino a otro grueso en una línea de pesca.

Prusik. Si alguna vez necesitamos subir por una cuerda, sobre todo si está mojada, por ejemplo si hemos caído en un sitio. Con esta técnica podemos subir fabricándonos escaleras portátiles, aunque es menos eficaz que los puños metálicos especiales que venden para esto. 


Ha de hacerse siempre con una cuerda más fina que la guía. El nudo para hacer el aro es el plano. Antes de subir los probamos: si patinan les damos más vueltas, o si por el contrario no resbalan les quitamos una. Con un nudo para cada pie tenemos suficiente: apoyados en la gaza superior descargamos el peso del pie inferior.


Con la mano libre subimos el nudo inferior. A continuación apoyamos el pie y levantamos el pie antes superior y subimos su nudo. Este nudo puede servir para tensores de cuerdas o lonas, pero no es el mejor.

Tensor general. Para tensar y apretar: es muy útil para las lonas o plásti­cos de vivac o para atar paquetes, bultos, fajos de leña, etc.


"Clase de nudos de supervivencia"

Tensor para tiendas. Una alternativa para la tienda o lona. Es muy sencillo pero con cuerdas que resbalan mucho no funciona.

Amarre redondo. Sirve para unir en paralelo dos palos o troncos. Se comienza con un ballestrinque sobre uno de ellos y al terminar se unen los dos cabos con un plano. Si es para una herramienta va bien hacer pequeñas muescas e incluso colocar algún tornillo si se dispone de él.

Amarre diagonal. Sirve para unir dos troncos cruzados si una fuerza los intenta separar. Se inicia y termina como el paralelo.


Amarre cuadrado. Para unir dos troncos cruzados si uno ha de sostener otro.

Mosquetón. Si deseamos que alguien que no sabe nadar no se suelte de la cuerda, que hemos tendido para vadear un río, por ejemplo, haremos un aro en torno a la cintura con un nudo as de guía y sus dos extremos unidos formando otro pequeño aro con un nudo plano y una gaza para soltarlo rápido. Este aro es el que pasa por la cuerda guía y sirve de mosquetón.


Técnicas con cuerdas que conviene conocer son el rappel con o sin lazo y la de asegurar a alguien que sube delante o detrás (esto no se puede aprender en un libro y ha de enseñar alguien que sepa). La técnica mínima de escalada libre (saber trepar chimeneas, cortados, etc.) es útil, ya que nunca se sabe cuándo va a hacer falta, por ejemplo si caemos a un pozo o si el único paso exige subir una zona difícil. No necesitamos ser especialistas sino tan sólo ser capaces de defendernos en un apuro
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"tipos de nudos de escalada"

"Tipos de nudos de escalada-2"

MOCHILAS Y ALFORJAS IMPROVISADAS


Un problema bastante común en la Naturaleza es el conseguir transportar una cantidad importante de material, alimentos, ropas…sin tener las manos ocupadas.

Para pesos pequeños (por ejemplo frutos silvestres o plantas comestibles) va muy bien anudar las mangas de una camisa o jersey, o las perneras de un pantalón. Se rellenan con nuestro botín y se echan ambas por los hombros hacia delante y con la camisa detrás o bien una por delante y otra por detrás con el cuello apoyado en el hombro.

Para mayores bultos es mejor hacer un hato con una manta anudando entre sí sus extremos. Se puede llevar a la espalda pasando los hombros por dentro (estilo indio del Perú), uniéndole unas tiras de tela que sirven de tirantes de mochila (nunca cuerdas pues se clavan en el cuerpo), sujetándola con la frente (como los sherpas) o, si no pesa mucho, en un palo como el clásico vagabundo.

De no disponer de manta es posible tejer una red o coser un pequeño saco con tirantes a base de trozos de tela. También es factible, para transportar pesos o cajas, construir una parrilla con palos entrecruzados. Cuidaremos de colocar los horizontales en la parte que no toque la espalda para dañarnos lo menos posible. 


Los palos verticales han de estar bastante separados y limpios de salientes. Es una buena idea acolchar el conjunto con ropas. Lo que nunca haremos es caminar con las manos ocupadas al ser fatigoso, incómodo, e incluso peligroso. Lo único que podemos llevar, si lo deseamos, es un palo o piolet (este último sólo en la nieve) para conservar el equilibrio.

ROPAS PARA EL FRÍO


¿Cómo obtener el máximo provecho de la ropa que podemos llevar un momento dado para protegernos del frío?

El gorro. En la nieve o cuando el frío es muy intenso, las orejas corren peligro de congelarse, además de que por la cabeza se escapa mucho calor. Para evitarlo se puede improvisar un gorro con una camisa y colocando por debajo un jersey u otra ropa; los faldones pueden cubrir la cara sujetándolos con imperdibles si el viento es muy fuerte o como bufanda enrollados al cuello.

Calcetines. Si los que llevamos están mojados, sirve el vendaje triangular de pie explicado en Primeros Auxilios.

Guantes. Se pueden sustituir por unos calcetines o por el vendaje triangular de mano (para hacérselo uno mismo es necesaria cierta práctica).

Pantalón y camisa acolchados. Rellenar el pantalón y la camisa con hojas o hierbas secas, triplica su aislamiento. Para dormir se puede acolchar todo el cuerpo; para caminar rellenar sólo los pantalones hasta las rodillas (para que no se caiga metemos el pantalón en los calcetines, igual que las manos en otros. Si la ropa está mojada ello impide que entre en contacto con la piel, pero el picor es difícil de aguantar si no hace mucho frío.

IMPERMEABILIZACIÓN DE LAS PRENDAS


Si llueve, un buen jersey de lana calienta algo aunque esté mojado, pero lo mejor es desnudarse, meter todo en una bolsa de plástico y secarnos cuando escampe. ¡Es un buen momento para realizar marchas pues se baten marcas de velocidad! Sin embargo, a veces hace demasiado frío o la lluvia es muy persistente y nuestro entrenamiento no alcanza. 

En ese caso podemos untar la ropa con un poco de aceite o frotarla con cera o parafina ablandada un poco. Y para aumentar aún más la seguridad rellenarla con hierbas. Esto protege hasta cierto punto si llovizna, pero si llueve fuerte…Ante la lluvia fuerte no hay equipo que aguante seco más de unas horas, por eso siempre procuraremos tener una muda seca.

EL CALZADO ESTROPEADO


Se puede caminar descalzo perfectamente por caminos, prados, huertas y campos, pero en la mayoría de los montes existen muchos pinchos que atraviesan la piel más fuerte.

Si la suela se ha comenzado a desprender, intentaremos coserla con clavitos improvisados con alambre afilado; pero si no es posible por el tipo de calzado o no disponer de alambre, ataremos las dos partes con un cordel (que pase por entre el dibujo de la suela para que no se rompa al caminar); así reforzado resistirá más tiempo. 


Cuando se desprenda del todo, con unas tiras de tela clavadas con alambre a la suela y algo de imaginación, construiremos unas sandalias. Podemos preparar otras suelas con madera, cubierta de neumático, con Agave americana, o con tela mediante el ya mencionado vendaje triangular y colocando debajo del pie musgo o similares para acolchar y aislarlo si es necesario.

Por cierto que todos estos calzados suelen necesitar frecuentes reparaciones pero al menos nos sirven.

Unos calcetines viejos por encima de la bota sirven en caso de llevar un calzado resbaladizo y tener que trepar por rocas húmedas.

¿Y las pieles de animales? Evidentemente si necesitamos un calzado ya, no vamos a esperar tres días. Para usar como calzado una piel de animal no es necesario curtirla como debe ser; basta simplemente quitarle la grasa con un raspador y dejarla secar al sol y tirante. Quedará dura y acartonada aunque dure poco tiempo.


Otro tipo de suela natural es la de cuerdas de hierba, corteza, etc. trenzadas y cosidas entre sí en una espiral elíptica que adopte la forma de la planta del pie. Tampoco durarán muchos días, pero son cómodas y sobre todo se hacen en el momento, en cualquier lugar y con un mínimo de trabajo. Sobre esta suela se cose tela o tiras de cuerda de hierbas en la forma que mis nos guste.

EQUIPO PARA LA NIEVE


Si nos sorprende una gran nevada o si hemos perdido todo el equipo en un alud, una caída u otro accidente, podemos improvisar todo el material necesario.

Raquetas. No existe nada más fatigoso que caminar en la nieve hundiéndose, a veces hasta las rodillas o la cintura. Lo ideal son los esquís, pero como son dificilísimos de fabricar construiremos unas raquetas con una rama verde, limpia de ramas menores, doblada y atados sus extremos con un nudo de anzuelo. 


Luego damos vueltas a la cuerda en torno al palo dejando gazas y a continuación se va pasando de extremo a extremo uniendo las gazas en zig zag. Se tensa y se pasa la cuerda de arriba abajo. Ya hemos conseguido una superficie sobre la que flotar. Ahora preparamos una pequeña cavidad para la punta del pie y una cuerda para pasar por encima del talón y que no se salga, detalle importante para caminar cómodamente: el talón se ha de poder levantar siempre. La técnica para marchar con ella es muy parecida al esquí de fondo y además levantándolas ligeramente. Unos bastones de esquí ayudan mucho.

Bastones de esquiar. Imprescindibles para la nieve, nos evitan más de la mitad del esfuerzo. Ofrecen apoyo y equilibrio, y descargan de trabajo a las piernas. Son muy simples de construir: basta un palo fuerte terminado en una horquilla triple o cuádruple.


 Atamos entre sí las ramas de la horquilla por la punta con ballestrinques triples. Si la nieve es muy blanda tendremos que procurar que la horquilla sea cuádruple para poder trazar diagonales y que así no se hunda tanto. 


En el mango un nudo de anzuelo, y uniendo los dos cabos un rizo y así tener un lazo en el que meteremos la mano para no perderlos en una caída en pendiente.

Piolet. Es fundamental para caminar por laderas empinadas, es un seguro de vida. Su principal misión es servir de freno en las caídas clavándolo en la nieve. Mucha gente inexperta ha caído hasta rocas o precipicios por no llevarlo. 


Construirlo es sencillísimo: una rama fuerte de la que se bifurquen otras dos (ver figura). Se descorteza y sé le da algo de forma sin afilarla, pues no hace falta y sería peligroso de caer encima. 


En la bifurcación se ata con nudo de pescador otro aro como el del bastón, que impedirá que se salga de la mano pase lo que pase. La técnica del frenado consiste en clavarlo apoyándose el peso del cuerpo sobre la mano en que se lleva, y con la otra ayudando en el palo largo.

"Equipo para la nieve"

Gafas de nieve. Importantísimas para no quedarse ciegos, aunque esté nublado. Se pueden improvisar de muchas maneras: haciendo unas ranuras en una corteza o tira de madera; con una tela a la que se hacen agujeros, mejor en cruz; con ramas o hierbas; dejando poca abertura entre lo que nos tapa la cara y lo que cuelga de la frente (el mismo sistema del desierto). 

En todos los casos va bien como complemento —o como único recurso si no hay otra cosa— tiznarse completamente párpados y cuencas de las órbitas para que el sol no refleje en la piel.

Polainas. Se hacen con una bolsa de plástico desfondada y atada a ella dos cordeles con piedrecitas (como para hacer tensores en el plástico del vivac) a dos puntos opuestos de uno de los bordes. 


Esta cuerda impide que la polaina suba al rozar con la nieve, y se ata por la muesca anterior al talón de la bota. Otro cordel se ata en torno al tobillo de la bota para que la nieve no penetre por debajo. Finalmente, con una goma elástica se enrolla la parte superior del plástico sin apretar demasiado para no entorpecer la circulación o se congelará el pie; esta parte también se puede coser a los pantalones o a los calcetines. 


En vez de plástico sirve la corteza de abedul. Las polainas son útiles además cuando llueve o ha llovido mucho y toda la hierba está mojada.

HERRAMIENTAS DE CORTE


Careciendo de cuchillo o hacha podemos improvisar podemos improvisar una herramienta que cumpla esas funciones. 

La piedra mejor es el sílex, la más dura pero también la más difícil para darle una forma prevista. De no contar con ella, buscaremos una piedra aplanada de grano lo más fino posible y la golpearemos —al revés lo que pudiese parecer lógico— contra su parte delgada y perpendicularmente. 


Las lascas que suelta se pueden aprovechar para raspadores u otras herramientas, según su tamaño y forma. 


El que obtengamos primero suele ser cortante pero frágil y tendremos que romperlo para que quede más duro. Una vez obtenido el definitivo lo afilamos como un cuchillo. 
Si hemos obtenido una forma aprovechable como hacha, la emplearemos agarrándola con la mano y golpeando fuerte pero con cuidado. Nos armaremos de paciencia, pues cualquier objetivo cuesta muchísimo tiempo. 

Para multiplicar la fuerza del golpe podemos colocarle un mango mediante un nudo diagonal combinado con otro cuadrado y con otra cuerda que la sujete por detrás para que no retroceda. El palo ha de aplanarse donde está la piedra para que ésta asiente bien. 


Se partirá fácilmente si le colocamos mango a no ser que empleemos sílex u otra piedra muy dura o que utilicemos el hacha para cortar ramas pequeñas. Otros instrumentos que podemos hacer con piedras son una navaja con filo del tamaño de una mano y algo rugoso para cortar hierba; una piedra redonda sobre otra algo hueca de natural para moler semillas, un raspador para quitar la grasa de las pieles a curtir, etc.

Con madera también se pueden hacer muchos instrumentos cortantes, salvo hachas, claro. La mejor y más dura es la de boj. También son fuertes las de acacia, encina, fresno, roble y olmo. 


Evidentemente, si contamos con navaja o hacha el trabajo avanza deprisa, de lo contrario tendremos que ir limándola con una piedra de grano grueso para darle forma y una de grano fino para afilarla. Para dar más fuerza al filo se pasa ligeramente por el fuego en todos los casos y se tiene al sol lo más posible.


Sus principales aplicaciones son: cuchillos grandes y pequeños, hoces (en este caso se le marcan ligeros dientes de sierra) y artes de caza.

PARA HACER FUEGO


Hacer fuego es quizá una de las cosas más importantes. Gracias a él podemos preparar alimentos. Su otra utilidad principal es la de proporcionar calor, lo cual es vital en ciertos lugares.

Frotando entre sí dos maderas, según métodos de antiguas tribus, uno se da cuenta de por qué guardaban la llama como algo sagrado. Las dos maderas han de estar secas y hay que contar con una buena yesca y bastante resistencia muscular. 
Previamente habremos practicado una pequeña hoya en una cara aplanada y dentro de esa hoya un agujero en el que encaje el palo. Hasta el agujero llega una pequeña hendidura para que penetre oxígeno, y en la hoya disponemos la yesca de forma que vaya cayendo al agujero.

Más evolucionado es el sistema del arco empleado por los indios americanos. La rotación es producida al mover el arco hacia delante y atrás. La fuerza hacia abajo se efectúa ligeramente con una piedra arenosa o una madera con un hoyo bien pulido que va bien aceitar.

El sistema más perfeccionado es atando dos troncos al palo que gira por su parte inferior. Es importante que el palo sea recto y los troncos queden equilibrados. Giramos lentamente el guía hasta que se enrollen las cuerdas de otro palo perpendicular a aquél.


Tiramos de éste con fuerza hacia abajo haciendo rotar rápidamente todo el conjunto. Los troncos, con su inercia, hacen que siga girando, lo cual provoca un nuevo enrollamiento de las cuerdas (las manos aflojan ambas su presión sincronizadamente)… y volvemos a tirar. El ciclo continúa a gran velocidad.

Un sistema que emplean muchos pueblos primitivos es separar en dos una rama seca, con yesca en la hendidura. Se coloca en el suelo sosteniéndola con los pies, y con una cuerda se frota rápidamente. ¡La mayor dificultad consiste en que muchas veces es la cuerda la que se quema, rompiéndose y apagándose antes de la que podamos emplear!

Con yesca y golpeando con un hierro o cuchillo piedras como sílex, obsidiana, granito, cuarcita, etc. también hace falta poseer cualidades excepcionales.

Podemos también prender fuego improvisadamente enfocando sobre la yesca una lente obtenida de una cámara de fotografiar, unos prismáticos o con dos cristales de reloj unidos y con agua dentro.
"Técnica de hacer fuego"

¿Qué es una yesca? Un material muy inflamable que puede estar compuesto por plantas específicas como el hongo yesquero (Fomes fomentarías), el cardo yesquero (Echinops rubro), corteza de abedul, hojas de pino, médula de férula (esas umbelíferas gigantes), esa especie de algodón de los entrenudos de las cañas o del fruto del chopo, o simplemente hojas o hierbas muy secas o astillas de madera resinosa seca. 

Aprovechando artículos civilizados, fibra sintética tostada, gasolina, alcohol, papel, etc. Difícilmente encenderemos un fuego sin alguna de ellas aun contando con cerillas; para conseguir hacer fuego con los sistemas antes expuestos sería preciso tener una yesca muy buena, y de hecho el comercio de yesca era importante antiguamente. Pero mucho más importante es saber encender bien un fuego. Es preciso amontonar primeramente hojas o hierba seca, yesca, etc.


Encima de ello una pirámide de finísimas ramas secas, encima otra de palitos de grosor menor que el de un dedo meñique, encima cuatro o cinco palos más gruesos. Siempre teniendo mucho cuidado de que no se asfixie por falta de aire. A mano, ramitas finas y gruesas para ir alimentándolo. La cerilla ha de colocarse, lógicamente, en la parte inferior y con el viento detrás de uno para que el fuego se propague hacia el centro.


Al añadir madera cuidaremos de hacerlo poco a poco para no ahogarlo. Una vez han prendido los troncos gruesos y hay un poco de brasa, ya no existe peligro de que se apague. Para que arda bien hemos de procurar que penetre el oxígeno por debajo, para lo cual los troncos han de ser algo levantados del suelo. Para cocinar es mejor esperar un poco a que haya suficiente brasa y hacerlo sobre ella, o al menos como para permitir que se mantenga un fuego flojo sin riesgo de que se apague.


Para conservar un fuego de un día para otro sin tener que cuidarlo —técnica importante para economizar fósforos— hacemos un agujero y prendemos allí la hoguera. Antes de acostarnos avivamos el fuego, echamos unos troncos gruesos y esperamos que comiencen a arder. Entonces se entierran con las brasas echando por encima una capa de ceniza y otra de tierra. Durará más de veinticuatro horas. Para volver a prenderlo se desentierran, se amontona encima yesca y ramitas, y se sopla.


Para prender una hoguera en un día de lluvia hay que hacer un pequeño techado con hierbas, ramas, cortezas, etc. o bien buscar un sitio protegido; la encenderemos luego, y mientras tanto guardaremos allí el material que encontremos. 


Luego buscamos yescas todo lo secas que sea posible entre matorrales, en oquedades naturales, etc; si no las encontramos siempre podemos cortar la parte exterior de un tronco muerto hasta llegar a una zona que no esté húmeda y sacar de allí astillas. La corteza de abedul prenderá aunque esté algo húmeda. 


Ponemos esto a resguardo y recogemos a continuación palitos finos y un poco más gruesos. Como es difícil encontrar troncos secos para que ardan mejor, los descortezamos y suprimimos las partes más empapadas, luego les damos por todas sus caras una serie de tajos con el hacha levantando gruesas astillas hasta que parezca un puerco espín. 

Una vez esté todo preparado, en el centro de la zona protegida por el cubierto hacemos un agujero y colocamos una vela de pie. Amontonamos encima de ella y sin ahogarla la yesca y los palos como para una hoguera normal. Se prende fuego a la vela y la sacamos en el momento que se afiance el fuego. 


Este fuego ha de alimentarse, no es técnica fácil y conviene no aguardar a estar en un apuro para practicarla. Sin una vela (por eso se lleva en el botiquín de supervivencia) es difícil prender un fuego con todo mojado. La podríamos substituir por tres o cuatro palitos de madera resinosa machacados hasta que liberen sus fibras y luego retorciéndolas entre sí, claro que hay que prepararlos antes de que llueva pues mojados no sirven.


Si prendemos alguna vez una hoguera en la nieve nos encontraremos con la desagradable sorpresa de que se va hundiendo en un charco de agua hasta apagarse. Para impedirlo amontonaremos bajo ella abundantes ramas verdes que la aislan.

Una hoguera ha de tener siempre en torno suyo un círculo de piedras que impida que se esparzan las brasas, y un metro de tierra limpia después, especialmente en verano.


Siempre tiene que haber una persona de guardia junto a él, ha de ser pequeña y no ha de soltar chispas. También han de estar cortadas y preparadas dos grandes ramas con hojas para apagar un incendio en caso de ser necesario. Para dominarlo no se golpea verticalmente sino de lado, llevando así las partes prendidas hacia lo que esté quemado. 


Al irnos, la hoguera ha de quedar cuidadosamente apagada y fría a base de agua y con piedras encima. Enterrarla sólo no es suficiente ya que pueden prenderse raíces y provocarse un incendio, a veces al cabo de días.

DE LA COCINA Y FRESQUERA


Para cocinar son mejores las brasas y los fuegos pequeños. Normalmente improvisaremos un trípode con tres piedras gruesas cuidando no asfixiar el fuego y colocaremos allí el cazo.

Si la olla tiene un asa que permita ser colgada, podemos improvisar con tres palos con horquillas una estructura elevada como la de un tipi indio. Si el campamento es estable se hace una zanja alargada de forma que la olla pueda apoyar en los dos bordes. 


De esta forma el calor se aprovecha más y se gasta menos leña; además así no hay peligro de que la cazuela vuelque.

Algo que parece una tontería y es de lo más difícil de substituir es un bote para cocinar, pues muchos vegetales son poco asimilables sin cocción debido a sus altos contenidos de celulosa. Si se puede encontrar una lata vieja, asunto solucionado. 


De lo contrario, con un poco de papel de plata haremos un cacito para colocarlo sobre una piedra plana, y no directamente sobre el fuego. A lo desesperado se puede cocinar sobre una piedra algo ahuecada horizontalmente colocada encima del fuego, friendo los vegetales en vez de hervirlos, cuidando que no se peguen.

¿Y hacer un cacharro de barro? Es un proyecto factible y bien vale  la pena aprenderlo porque a la larga será los que nos den más satisfacciones.
"técnica para preparar alimentos en supervivencia"

Para evitar que los víveres almacenados se estropeen por el calor o las moscas, podemos construir una fresquera. Basta colgar una repisa con dos cuerdas de una rama de un árbol sombrío. A las cuerdas unimos palos, y sobre ellos colocamos ramas con las hojas como en el vivac con arbustos.

Ha de ser muy espeso para que no pase ni una mosca (nunca mejor dicho). En una de las caras triangulares se deja una puerta hecha de la misma manera. Si tenemos que guardar muchas cosas es una buena idea hacer esta despensa con varios pisos.

Si cerca hay un riachuelo podemos introducir en él la fruta, botes impermeables, etc. cambiándolas cuidadosamente con piedras. Si no hemos tenido tiempo de construir la despensa, dormiremos con la comida junto a nosotros. 


Si hemos de ausentarnos del campamento la meteremos en una bolsa o mochila y los colgaremos de un árbol para evitar que perros, zorros, ratas, etc. la devoren.

ILUMINACIÓN


En la vida campestre hay que acostarse con el sol y levantarse con él. Así se resuelve el problema de la necesidad de luz y damos un horario más natural a nuestro cuerpo. Así se hacía no hace muchos años en el pueblo, cuando la gente se iba a costar con las gallinas y se levantaba con el sol. No hay crisis energética, sino crisis de utilización de la energía.

En la vida al aire libre, desde luego, desechamos esos cacharros del “camping-gas’” y si por un determinado motivo hay que improvisar algo de luz, aparte del fuego se puede montar en un momento un candil de aceite del sencillo tipo de los que se utilizan para alumbrar a los santos: se echa en una taza o cualquier recipiente aceite y luego sal o tierra hasta formar una masa lo suficientemente densa como para que no se hunda la mecha.


Ésta se puede hacer como antiguamente con el tallo de una planta que precisamente llaman candilera (Phlomis herbaventi), con las hojas retorcidas del gordolobo, o con un trozo de tela retorcido. Se puede sujetar en un redondelito de corcho para que flote y así no es necesario echar sal. 


Si bien esta luz  consume muy poco y una taza dura asombrosamente toda una noche. Como combustible podemos utilizar el aceite de las semillas de ciertas plantas silvestres: acebuchinas, hayucos, bellotas, etc. 


También están las antiguas antorchas hechas de astillas grandes del corazón resinoso y seco de un pino o un abeto. 
Con media luna y sobre todo con luna llena se ve mucho, casi parece de día.

Cortesía de:  Elnuevodespertar
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