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Cómo Cagar, Defecar en el Monte de Forma Responsable

Fosa al estilo cherokee

Dedicar un tiempo para eliminar de nuestro organismo materia fecal es muy importante para mantenernos sanos.

Tiene un pequeño pozo con unas tablas encima y un entramado de cañas y ramas como un tipi, parecido al horno cherokee. Y asi es como se usa, bien cubierto de ramas, queda muy discreto y camuflado.

Debido a este lento proceso de degradación, las heces humanas cagadas a diestro y siniestro por el monte pueden resultar un grave problema sanitario y ambiental. Las heces pueden ser fuente de parásitos intestinales humanos que, en caso de no controlarse adecuadamente, suelen terminar contaminando el ecosistema y transmitiendo la enfermedad a muchas más personas y/o animales. 

La lluvia, el viento e incluso los animales del monte son los encargados de transmitir la enfermedad, que puede llegar a contaminar ríos, embalses y depósitos de agua destinados al consumo y/o uso humano.

"Cómo Cagar, Defecar en el Monte de Forma Responsable"La Giardiasis es una enfermedad que podemos contraer al beber agua infectada por depósitos fecales. Los síntomas más comunes son diarrea, vómitos y dolor abdominal, con una duración de entre 7 y 20 días.

Aunque no resulta mortal en adultos sanos, puede transformarse en una enfermedad crónica si no la tratamos como es debido. Las personas que padecen esta enfermedad (transmisores) pueden no tener síntomas, y cuando sus heces llegan al agua comienza el proceso de infección y propagación. Este parásito puede sobrevivir en un medio acuático durante meses, y su proliferación dependerá de la estación del año y de la región.
Otro parásito denominado Cryptosporidium, con unos síntomas muy semejantes a los de la Giardiasis y con la misma forma de transmisión fecal-oral. Este parásito también sobrevive durante largo tiempo en el agua, incluso aunque la misma esté tratada con cloro como en el caso de las piscinas de uso recreacional. 

Como hemos visto, estos parásitos son los principales causantes de enfermedades en humanos y animales, además de ser los responsables de graves alteraciones en los ecosistemas, y por ello debemos evitar en lo posible su propagación.
Cada persona sabe muy bien lo que tiene que hacer en ese momento, pero hacerlo en el monte debería requerir de ciertas normas básicas que impidan que posibles agentes contaminantes salidos de nuestros intestinos terminen poblando otros intestinos ajenos y propagando la enfermedad. 

Cuando la necesidad de soltar lastre se hace inminente, tenemos que recordar que son muchas las personas que también hacen uso del monte y que probablemente no desean encontrarse con estos restos.
Para ello, lo único que debemos hacer es cavar un pequeño agujero que después nos servirá para enterrar nuestras heces. Al enterrar los excrementos, lo que hacemos es acelerar el proceso de descomposición de las heces y evitar su propagación hacia vías acuíferas. 

Si hacemos un agujero y enterramos nuestros excrementos, también evitamos que los organismos causantes de enfermedades se propaguen (por ejemplo al pisar una buena plasta o al rebozarse algún animal en ellos, además de evitar los siempre presentes insectos de las heces).

 La forma más eficaz de facilitar la degradación de nuestras heces es depositarlas en un agujero de unos 20 cm. de profundidad y después enterrarlas una vez terminada la faena.
Otra cuestión importante es la zona donde vamos a realizar este asunto


Antes de cagar en el monte, debemos asegurarnos de que no lo hacemos en un lecho seco, ni cerca de cursos de agua ni en una zona inundable, ya que de esta manera evitamos que con la lluvia nuestras heces salgan a flote y viajen allá donde el agua las lleve, con el consiguiente riesgo sanitario que ello comporta. 

En climas con temperaturas bajo cero permanentemente, debido a la inexistencia de actividad bacteriana, no existen problemas de infección ni contaminación por heces, salvo su desagradable presencia visual.
Por último y no menos importante, debemos evitar dejar otro tipo de restos en el monte. Tanto el papel, las toallas o las compresas que desechemos deben guardarse en una bolsa estanca y transportarlas hasta un sitio más apropiado para su eliminación. No debemos enterrarlos ni quemarlos, ya que es posible que provoquemos un incendio en ese mismo momento o dejemos un buen foco de inicio de incendio cuando las temperaturas sean mucho más altas, como por ejemplo en verano.

 Además, en el caso de tampones, toallitas, compresas o pañales, debemos saber que el tiempo de degradación de estos restos es extremadamente largo y probablemente pasen muchos años antes de que se descompongan por sí solos.


Cortesía de:  Todomountainbike    Paleoforo   Montanismo
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